Analistas 03/11/2026

Y mientras tanto... El partido invisible

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas
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Todavía no se apaga el eco de las presidenciales y ya se empiezan a calentar los motores de 2027. En octubre del próximo año elegiremos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, y ya hay funcionarios renunciando para poder aspirar. Pero hay un partido del que casi nadie habla, y es el más grande del país.

No tiene candidato ni bancada ni sede. Es el partido de los que no votan.

Las cifras no dejan dudas. En la segunda vuelta de junio, según la Registraduría, votaron 26,3 millones de los 41,4 millones de colombianos habilitados. Cerca de 15 millones se quedaron en casa: más que los 12,9 millones que eligieron al presidente Abelardo de la Espriella y más que los 12,7 millones que votaron por Iván Cepeda. Frente al total de habilitados, ninguno de los dos llegó a uno de cada tres. La mayoría real no estuvo en ninguna orilla. Y ese partido silencioso, si se moviera, podría definir cualquier elección.

Lo más llamativo es que este partido no es indiferente. En la encuesta Cuidar la Democracia, de Invamer, 92% de los consultados dijo que su voto hace la diferencia. No es solo apatía; es distancia. Y no se trata de culpar a quien no vota, sino de entender por qué no lo hace. Ahí caben el joven que no se siente representado, el campesino que vive a horas de su puesto de votación, el que trabaja el domingo, el que se cansó de promesas y el que simplemente no cree que algo vaya a cambiar.

Y aquí aparece una paradoja que casi nadie mira: votamos más por lo que está lejos y menos por lo que tenemos cerca. En las elecciones regionales de 2023, la participación fue de 59,2% y casi 16 millones de colombianos no votaron. Sin embargo, aunque muchos recursos llegan de la Nación, son el alcalde, el gobernador y el concejo quienes deciden cómo se invierten: qué obras van primero y cómo funcionan el agua, la seguridad, el colegio y el centro de salud. Y en muchos municipios, un alcalde se define por unos cientos de votos. Así, pocos terminan decidiendo por muchos. La política que más sentimos es la que menos elegimos.

Por eso, 2027 es una oportunidad. Las campañas suelen pelear por los mismos votantes de siempre, como si el país terminara en quienes ya están decididos. Pero el que logre hablarle al partido invisible no solo ganará una elección: le devolverá legitimidad a la democracia local. Y eso exige otra forma de hacer política. Menos ataques al rival y más propuestas concretas. Menos tarima y más territorio. Menos promesas grandes y más compromisos que se puedan medir y cumplir.

También nos toca a los ciudadanos. A los empresarios, que pueden facilitar que sus trabajadores voten. A los medios, que pueden mirar las campañas regionales con la misma lupa que las nacionales. Y a cada uno, que puede convencer a alguien más.

Abstenerse también es una decisión, pero es una decisión que otros toman por nosotros. Cada voto que no se deposita deja el futuro del municipio en manos de menos personas, y muchas veces de las mismas de siempre.

El partido más grande de Colombia sigue esperando a alguien que lo convoque. Ojalá en 2027 no gane el que mejor pelee por los votos que ya existen, sino el que logre despertar los que nunca han llegado a las urnas.

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