Analistas 21/07/2026

Y mientras tanto, un propósito común

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

Mientras el mundo se divide entre quienes celebran al nuevo campeón y quienes discuten sobre árbitros, polémicas o jugadas, el Mundial nos dejó una conversación que va más allá del fútbol. Nos recordó que el talento puede ganar partidos, pero la convicción compartida suele ganar campeonatos. Y esa es una conversación que Colombia necesita con urgencia.

Esta columna se escribe antes de conocer al campeón, pero el resultado no cambia una certeza: España y Argentina representan virtudes admirables. España ha ofrecido un fútbol elaborado: orden, técnica, disciplina táctica y una ejecución impecable. Argentina, en cambio, ha construido otra narrativa. No siempre jugó mejor. En varios partidos sufrió, remontó y llegó al límite. Pero nunca dejó de creer. Incluso cuando el reloj parecía jugar en contra, transmitía la sensación de que aún quedaba una oportunidad. Y muchas veces esa oportunidad terminó convirtiéndose en gol.

Eso no significa que Argentina quisiera ganar más, porque la voluntad no tiene marcador.

Tampoco implica que toda decisión arbitral quede fuera de debate. Las polémicas deben revisarse con reglas e imágenes, pero usarlas para explicar todo el recorrido sería desconocer el mérito. Lo que sí fue evidente fue esa determinación colectiva que parecía multiplicar las fuerzas cuando el tiempo se agotaba: la decisión de no dar un balón por perdido y de seguir creyendo cuando otros empezaban a administrar el empate o la derrota.
Al ver ese espíritu, recordé Colombia es Pasión, iniciativa que tuve la oportunidad de liderar.

La marca país no buscaba adornar la realidad, sino cambiar la conversación mostrando lo que también somos: resilientes, creativos y capaces de levantarnos. La apuesta era convertir esa energía en confianza, turismo, inversión y exportaciones. Años después, la pregunta sigue abierta: ¿cómo logramos que el mundo nos conozca por aquello que realmente somos? Un país no avanza solo porque se quiera mucho; avanza cuando el orgullo se traduce en productividad, cumplimiento y cooperación.

El Mundial también nos recuerda que los países compiten. Compiten por inversión, por turismo, por talento, por innovación y por confianza. Y esas competencias tampoco se ganan únicamente con recursos naturales, reformas o indicadores macroeconómicos. Se ganan cuando una sociedad encuentra un propósito común que trasciende sus diferencias.

No se trata de pensar igual. Se trata de avanzar juntos hacia objetivos compartidos. El gobierno entrante tiene la oportunidad de proponer un marcador común: empleo formal, educación, seguridad y productividad regional, con rendición de cuentas.

Los empresarios pueden unir competitividad con movilidad social; los gremios, articularse y transformar agendas dispersas en compromisos verificables; las instituciones educativas, enseñar a colaborar, además de competir; y los ciudadanos, bajar el volumen de la descalificación y subir el de la corresponsabilidad. No se trata de uniformarnos ni de convertir el país en una tribuna: se trata de saber hacia qué arco jugamos.

La Copa dura una noche; actuar como equipo puede cambiar una generación. Y mientras seguimos concentrados en las discusiones que nos separan, tal vez estamos dejando pasar la conversación más importante de todas: cómo fortalecer la certeza de que, cuando actuamos juntos, los colombianos logramos resultados extraordinarios.

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