Analistas 13/03/2026

Supervisar para fortalecer

María José Navarro
Superintendente de la Economía Solidaria

El modelo de supervisión del sector de la economía solidaria ha estado marcado, durante décadas, por una lógica predominantemente reactiva. Se inspecciona, se identifican fallas y, cuando el deterioro alcanza niveles críticos, se interviene o se liquida. Este enfoque, heredado de crisis anteriores y de una concepción tradicional del control estatal, ha privilegiado la corrección tardía sobre la prevención estratégica.

No obstante, en un sector cuya esencia es la cooperación y cuyo propósito es la generación de bienestar colectivo, la supervisión no puede limitarse a administrar el fracaso. Cuando una cooperativa desaparece, no se extingue únicamente una persona jurídica; se afecta el ahorro de los asociados, se interrumpen procesos productivos y se debilita el tejido social y económico de los territorios donde opera. El tránsito hacia un nuevo enfoque no obedece a una decisión coyuntural. Es el resultado de un cambio estructural en la política de supervisión, que redefine la función de inspección, vigilancia y control. La supervisión deja de concebirse exclusivamente como un mecanismo sancionatorio para convertirse en una herramienta orientada a la sostenibilidad, la estabilidad y el crecimiento ordenado del sector.

Durante años, la supervisión estuvo centrada casi exclusivamente en la lógica del riesgo financiero tradicional, necesaria para proteger el ahorro, pero insuficiente para comprender la diversidad y complejidad del modelo solidario. Las cooperativas no son solo intermediarias de recursos; son organizaciones que producen y distribuyen bienes y servicios, promueven inclusión y dinamizan economías locales. Un esquema homogéneo de control desconoce esa especificidad y puede limitar su potencial.

Este nuevo enfoque fortalece la supervisión basada en riesgos, pero la complementa con instrumentos predictivos y preventivos. Esto implica modernizar los sistemas de información, implementar alertas tempranas y diseñar planes de mejoramiento que permitan corregir desviaciones antes de que se conviertan en crisis. Supervisar ya no significa esperar el colapso, sino anticiparlo y evitarlo.

En este marco, el acompañamiento técnico cobra un papel central. La política de supervisión incorpora estrategias de fortalecimiento institucional, mejora del gobierno corporativo y promoción de buenas prácticas de gestión. No se trata de sustituir el control por la complacencia, sino de hacerlo más eficaz mediante la construcción de capacidades.

El fomento del crédito productivo se integra a esta visión como un elemento estratégico. Una cooperativa que impulsa proyectos agropecuarios, industriales o comerciales, que amplía su base asociativa y que fortalece su actividad económica real, consolida también su estabilidad financiera. El crecimiento responsable reduce vulnerabilidades y fortalece la confianza en el sector. La intervención y la liquidación siguen siendo herramientas legítimas y necesarias del Estado. Sin embargo, dejan de ser el eje del modelo. Se reservan para situaciones excepcionales en las que las medidas preventivas no han sido suficientes. El énfasis se desplaza hacia la sostenibilidad y la permanencia.

Este cambio estructural en la política de supervisión supone, además, una transformación cultural tanto en la institucionalidad como en las organizaciones vigiladas. Supervisar es proteger el ahorro, pero también acompañar el desarrollo. Es garantizar estabilidad, pero también promover crecimiento.

El éxito de este nuevo paradigma no se medirá por el número de liquidaciones ejecutadas, sino por la cantidad de cooperativas fortalecidas, por la reducción temprana de riesgos y por el aumento del crédito productivo que genere riqueza real en los territorios. Proteger, en este contexto, es también impulsar.

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vigilancia - Sostenibilidad - Superintendencia de economía solidaria