Analistas 25/08/2026

El sentido de urgencia para avanzar

María Victoria Angulo
Exministra de Educación

El sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, ocurrido el 10 de agosto, ha obligado al sector educativo a operar en condiciones de emergencia. Según el reporte del Ministerio de Educación del 20 de agosto, 811 instituciones educativas registran colapso total y cerca de 3.100 presentan afectaciones estructurales. En educación superior, 54 sedes tienen daños estructurales altos, 91 mantienen actividades suspendidas y 114.855 estudiantes ven afectada su continuidad.

Los momentos difíciles revelan nuestra solidaridad y, a la vez, nos invitan a aportar, revisar experiencias y sumar capacidades. En estos primeros días, el gobierno y el Ministerio han puesto en marcha medidas y movilizado los recursos disponibles. La magnitud de la situación abre ahora un espacio para articular lo que pueden aportar la Nación, los territorios, las universidades, la cooperación, el sector privado y las propias comunidades educativas.

Una forma de organizar ese esfuerzo es pensar en tres tiempos que se complementan.

En los primeros 30 días, la seguridad y la continuidad concentran la atención. La activación de una Mesa Nacional de Educación en Emergencias puede ayudar a integrar información y esfuerzos con las secretarías. En infraestructura, el Ffie, Findeter y CAF, que ya vienen trabajando con el sector, pueden articular capacidades para avanzar en diagnósticos, priorización de sedes y soluciones temporales. A esto se suman las aulas provisionales y colegios anfitriones, alimentación y transporte escolar, ajustes de calendario, priorización de aprendizajes, búsqueda activa de estudiantes y entrega de guías y materiales según la conectividad de cada territorio. También es importante propiciar encuentros pedagógicos presenciales, híbridos o mediados por tecnología. En educación superior, la autonomía institucional permite a cada institución construir alternativas de continuidad ajustadas a cada situación.

Entre los 30 y los 120 días, el énfasis debe estar en consolidar el servicio y acompañar a las comunidades educativas. Esto exige, además de reponer materiales y fortalecer a las secretarías, brindar apoyo socioemocional y psicosocial a estudiantes, docentes y directivos afectados, facilitando el manejo del duelo y un retorno seguro a la actividad pedagógica. La cooperación internacional y los donantes pueden aportar recursos y experiencias, como la de Ceibal en Uruguay, en continuidad educativa, acompañamiento docente y mediaciones digitales.

Luego vendrá la rehabilitación y reconstrucción, un proceso que en algunas obras podrá extenderse hasta 18 meses. Será un esfuerzo compartido: recursos del sector, Ffie, Findeter, CAF, Banco Mundial, Obras por Impuestos, regalías, cooperación y aportes privados podrán complementarse según cada proyecto. En educación superior, la articulación entre Educación, MinCiencias, el DNP, el Ministerio de Hacienda, los territorios e instituciones puede contribuir a recuperar sedes, laboratorios, equipos y capacidades científicas y tecnológicas. Muchas de las capacidades que hoy se necesitan para asegurar la continuidad -localizar estudiantes, acompañar maestros, fortalecer los equipos territoriales y orientar los apoyos pedagógicos- son también las que el país requiere para mejorar de manera sostenida la educación básica y media.

Esta movilización abre una oportunidad para el nuevo Plan Nacional de Desarrollo: conectar la respuesta a la emergencia con una agenda de mediano plazo que fortalezca la educación básica y media y las capacidades territoriales. Evaluación diagnóstica, refuerzo pedagógico en lectura, escritura y matemáticas, tutorías para estudiantes con mayores rezagos, mentoría y acompañamiento a maestros y directivos, junto con búsqueda activa y seguimiento de trayectorias completas, pueden conformar una ruta articulada de recuperación y aceleración de aprendizajes.

Las emergencias pasan, pero las capacidades y los aprendizajes que dejan pueden permanecer. La oportunidad está en llevar ese sentido de urgencia al nuevo Plan Nacional de Desarrollo, para que más estudiantes permanezcan, aprendan y avancen.

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