Analistas

En defensa de los gatos, no escoger al tigre

Mario Alejandro Valencia

Debería ser suficiente que una persona que ha confesado públicamente matar gatos con sevicia no tenga ninguna posibilidad de dirigir un país. No obstante, esa misma persona ha ido más allá. De la práctica de matar animales, también ha prometido: “hacer todo lo que esté a mi alcance para destriparlos, como corresponde (…) para acabar a ese cáncer”, refiriéndose a la izquierda política del país.

Ante la ausencia absoluta de algún atisbo de decencia, virtud, ideas o una visión de nación, ¿la única propuesta del fascista es aplicar con quienes piensan diferente lo que ya practicó con los gatos?

En contraste, Iván Cepeda ha tenido una vida de construcción y práctica de valores democráticos y ética humanista, al servicio de los más necesitados de la población. Lo ha demostrado con gran coherencia en su campaña, pensando en el progreso y no en la venganza. Cepeda ha hablado de avanzar hacia una economía que incremente la capacidad de producir y crecer, con equidad social y en el marco de las ventajas ambientales y energéticas que ofrece nuestra nación.

Esta nueva economía que propone Cepeda debe permitir un incremento en la demanda de empleo y asociatividad en sectores estratégicos del desarrollo rural, la agroindustria, las manufacturas y los servicios basados en conocimiento, para generar un mayor consumo de los hogares y reducir la pobreza monetaria y multidimensional, como ha ocurrido en los últimos años.

Pero también debe reconocerse que los retos más importantes en la reducción de la incidencia de pobreza están en la educación y el trabajo, como lo muestran los datos del Dane. Para ello, la transformación productiva en marcha debe profundizar sus encadenamientos con los territorios, que es donde nace la vida económica, social, ambiental y cultural del país. Debe identificar formas heterogéneas de producción, comercio y relaciones comunitarias con las que se debe articular. Al hablar del empresariado como si fuera una masa homogénea, generalmente se desconoce que en Colombia hay 10 millones de personas autorreconocidas como campesinado y 3,1 millones de ocupados en micronegocios, en su mayoría unidades económicas unipersonales, que deben escalar en capacidades e ingresos para reducir la desigualdad.

Debe propiciarse -entonces- una relación más precisa entre la educación, la formación profesional, tecnológica y técnica, los oficios y otras especialidades tradicionales y modernas con las necesidades del mercado laboral, las unidades económicas, el emprendimiento y la asociatividad. Esto implica la alineación del sistema educativo, el Sena, el Servicio Público de Empleo, Innpulsa, la ADR y otras entidades, para estar a tono con los sectores estratégicos y las necesidades concretas de cada segmento poblacional y empresarial.

Así, la tarea es más compleja que vociferar que en los primeros 100 días de gobierno se combatirán los problemas estructurales del país, después de décadas de saqueo.

Como los candidatos de la derecha ya gobernaron y no hicieron lo anterior, es Cepeda el único capaz de dar continuidad a que la población consolide a Colombia, en un segundo gobierno progresista, como una potencia económica desde lo ambiental, lo energético y lo productivo, y que esa creación de riqueza alcance para todas y todos.

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