Analistas

Para que Colombia siga avanzando

Mario Alejandro Valencia

Ningún fanatismo debería llevar a que los logros y avances de una sociedad sean desmontados. Cuando llegamos al empalme hace cuatro años, muchos entendíamos que el creacionismo desconoce que los procesos sociales, científicos, tecnológicos e incluso políticos son el resultado de la acumulación de conocimiento, trabajo, luchas y acuerdos.

Colombia no era un desastre absoluto antes, no está en una crisis sin precedentes ahora y no será el paraíso terrenal dentro de cuatro años. Es y será lo que el esfuerzo colectivo del país, de sus habitantes en las zonas rurales y urbanas, de la academia, del empresariado, de los trabajadores y de la clase política, en conjunto, construya sobre los cimientos existentes.

Lo que sí es cierto es que la geopolítica, el ambiente, la energía y -sobre todo- las aspiraciones de una mejor calidad de vida han impuesto unos retos en los que será muy difícil retroceder. Por ejemplo, las primaveras y los levantamientos sociales en Oriente Medio, el norte de África, América Latina e incluso Nueva York y Madrid, entre otros lugares, tienen una justificación, una razón de ser, un sentimiento de frustración frente al modelo predominante y una aspiración válida. Que unos cuantos poderosos líderes mundiales, obsesionados por la “idolatría de uno mismo y del dinero”, como lo afirma el papa León XIV, quieran desconocerlo es otro cuento.

Hay muchas cosas que funcionan mal en Colombia, como la desigualdad de las regiones; otras que toca modificar para que funcionen mejor, como la estructura tributaria; y otras que funcionan bien y toca cuidar e incrementar, como la asociatividad y el cooperativismo en el campo y las ciudades, una fuerza de trabajo dedicada y un tejido empresarial innovador.

Reconociendo lo anterior, el próximo gobierno tiene varios retos. Los fiscales son los más obvios y sobre los cuales se ha debatido más, pero no son los únicos. Reducir el Estado a rajatabla desconoce su rol de orientación, coordinación económica y búsqueda de estabilidad social; sin esto, las empresas no funcionan competitivamente. Además, los problemas estructurales de recaudo tributario regresivo obligan a un estudio riguroso sobre la eliminación de beneficios no condicionados, las implicaciones del IVA y el impuesto al consumo de bienes y servicios suntuarios, altamente contaminantes o lesivos para la salud; se debe distinguir un impuesto al patrimonio rentista de uno al productivo, incrementar el impuesto a las personas naturales más ricas e identificar a estos beneficiarios finales, en la medida en que se reduce el de las personas jurídicas productivas.

Es una responsabilidad con el país evitar que se pierdan los avances en reducción de pobreza, generación de empleo, diversificación de la oferta energética renovable, cumplimiento de los compromisos ambientales e industrialización. Deben cuidarse y profundizarse los instrumentos tributarios, comerciales y las políticas de todo orden que han propiciado la creación de 264.000 nuevos empleos industriales en los últimos cuatro años. El Congreso de la República, así como en el pasado ha aprobado leyes regresivas, deberá debatir todos los caminos para que el país avance en equidad fiscal y productiva.

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