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¿Por qué insisten en una crisis que no existe?

Mario Alejandro Valencia

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Dice el ministro de Hacienda de Colombia que por culpa del gasto público la economía nacional va mal. Es mentira. El ingreso real de los hogares ha crecido en los últimos años y gracias a esto sectores como Fenalco y la banca están atravesando su mejor momento en décadas. La población compra más vehículos, más motos, más mercado, más carga férrea, se tiene la mayor ocupación del siglo, el mayor número de empresas activas registradas en la historia, la inversión pública llega a más municipios que nunca y se tiene la menor tasa de pobreza desde que existen mediciones comparables.

No es cierto que el Estado sea grande y que el gobierno anterior haya sido derrochón. Sobre esto escribí una columna hace unos meses (No existen países ricos con Estados pequeños). Tampoco es cierto que estemos en una crisis económica. Mejor hay que preguntarle al ministro ¿cuál es el interés en insistir en una crisis que no existe? ¿Quiénes y qué ganan presentando un Presupuesto General de la Nación (PGN) que endeuda al país hasta 66,2% del PIB? ¿Qué planes de ajuste están contemplando? ¿El plan de ajuste buscará recortar derechos de la población, como lo anunció el ministro durante la convención bancaria? ¿Por qué no aumentan el recaudo tributario de los más ricos quitando exenciones y combatiendo la evasión? Y ¿qué negocios privados, rentistas y especulativos, se vienen después de que se apruebe dicho presupuesto?

Otra mentira pronunciada por el ministro en el Congreso de la República es que el Estado le compite al mercado y por eso se va la inversión. Según la Unctad, “la actividad real de inversión se mantiene frágil” en todo el planeta. Parte de la explicación es que la tasa de ganancia del capital se ha estancado, así como la participación del trabajo en el ingreso. Frente a este escenario, la respuesta del actual gobierno es iniciar el camino que retorna a la economía extractivista, rentista y especulativa. Una carrera hacia el abismo con el pie en el acelerador a fondo.

Ningún país de América del Sur se ha salvado de las altas fluctuaciones en sus flujos de inversión. En este escenario, el promedio anual de inversión extranjera directa de Colombia fue de US$14.800 millones en los últimos cuatro años, el segundo mayor en dicha región después de Brasil (para 2024) y un monto mayor en unos US$2.000 millones anuales al promedio de flujos entre 2015 y 2018, tras el colapso petrolero, el incremento de las tasas de la Fed, el Brexit y el proteccionismo de Trump.

Lo que más ha cambiado positivamente para Colombia en el último periodo, es que la inversión en sectores no extractivos es en promedio la más alta desde 2010 y la participación de este tipo de inversión es de 73% sobre el total, cuando a comienzos de la década de 2010 era de 46%. Las del sector manufacturero, por ejemplo, hoy son 19,4% de la inversión no extractiva, superior a los periodos anteriores, así falte mucho por avanzar.

Según la Agencia Internacional de Energía, las inversiones, la producción y el consumo de carbón llegaron a su tope en 2024. Entraron en un periodo de “meseta efectiva” al que seguirá un inevitable descenso gradual. En cambio, las inversiones globales en energías alternativas hoy ya duplican a las de combustibles fósiles. Mientras tanto, en Colombia están prometiendo devolverse dos siglos.

Tampoco es cierto, como dice el ministro de Hacienda, que nadie confía en Colombia. 24 millones de personas que llegaron de turismo al país en los últimos cuatro años sí confían en el país. Las nuevas plantas de producción manufacturera en diversos subsectores sí confían en el país. La inversión no extractivista sí confía en el país. El consumo de bienes durables creciendo en los últimos años, es también una muestra de confianza. Es lo que debemos cuidar como nación y evitar que el Pgn, que configurará la mayor deuda adquirida para justificar el ajuste fiscal, haga perder los logros de la transformación productiva iniciada con acciones e inversiones tanto del Estado como del sector privado productivo.

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