Sí estamos progresando
viernes, 30 de enero de 2026
Mario Alejandro Valencia
Las encuestas lo confirman, así como los resultados macroeconómicos, el respaldo social creciente al actual gobierno, los índices de confianza y las expectativas positivas frente al futuro, dan cuenta de unos cambios en marcha que merecen ser analizados con detalle, en aras de incentivar su avance en los próximos años.
Pararse sobre estos logros, es lo que permitirá al país superar un modelo económico fallido, incapaz de conectar a las regiones con el progreso, dependiente de la captura de rentas del Estado, soportado en recursos mineros que el planeta está abandonando y que estableció una relación tóxica entre el empresariado productivo y su fuerza de trabajo.
Vale la pena estudiar varias acciones para entender su utilidad. La doctrina económica de los gobiernos anteriores se basó en ‘surfear’ en los altos precios de los ‘commodities’ para mostrar un efímero desarrollo. Sectores altamente rentistas como la salud crearon una lógica del negocio por encima del bienestar de la población y prácticamente no se habló de industria durante 30 años; las que sobrevivieron fueron más por su terquedad que por una estrategia estatal. El resultado es tan conocido que no vale la pena reiterarlo. Quizás lo nuevo en este desenlace fue el hartazgo social, a nivel de estallido nacional.
A este es el mundo al que algunos sueñan volver. Por el contrario, quienes consideramos que el potencial económico y productivo de Colombia es mucho más grande que las restricciones a las que nos sometieron, buscamos que una lógica económica ligada con la producción, el trabajo y los ingresos para la población, se profundice.
El perfil de Colombia nunca debió haber sido el de ser un proveedor de materias primas para el mundo. Mucho menos el que el Estado subsidiara algunos negocios particulares de un puñado de familias. Que, desde la llegada a la presidencia de Gustavo Petro se hayan establecido unos lineamientos de política pública en contravía a ese perfil, nos ha permitido avanzar en unas discusiones y resultados concretos: i) definir unos criterios y diseñar políticas basados en nuestra capacidad productiva actual y la búsqueda de una mejor inserción en las cadenas globales de valor. ii) una visión desde las capacidades y los enfoques territoriales, el aprovechamiento responsable de los recursos naturales, y su vínculo con las costumbres y tradiciones de los territorios y la belleza del país. iii) La reactivación del sistema férreo, las energías renovables y la economía popular.
Con todo lo anterior, 2025 cierra con el mayor número de empresas activas en toda la historia del país. Los datos son de Confecámaras y sé que molestan a muchos, igual que tener la tasa de desocupación más baja en 24 años. Las cifras también nos están mostrando una incidencia más alta y creciente de exportaciones no minero energéticas y de un comportamiento positivo en la llegada de inversión no extractiva.
No puede tomarse a la ligera esta información y que el déficit de cuenta corriente se haya reducido considerablemente. Aunque quede mucho camino por avanzar y consolidar, indiscutiblemente son elementos que motivan a seguir actuando en esta dirección trazada, con un mayor fortalecimiento de la capacidad institucional para una más efectiva articulación entre la orientación del Estado y las acciones de la fuerza productiva laboral y empresarial.