Analistas 24/07/2024

¿Desempleo o desalineación?

Mario Ciardelli
Board member and senior advisor

A lo largo de los últimos cinco a seis años he estado involucrado con numerosas empresas de distintas formas: miembro de juntas directivas, juntas asesoras, consultor, gerente, confidente, mentor o amigo del dueño. Estas empresas pertenecen a los siguientes sectores de la economía: construcción, desarrollo inmobiliario, floricultor, tecnología, salud, financiero, alimentos, bebidas y algún otro que se me queda por fuera. ¿Cuál es un común denominador en el listado de problemas que todos enfrentan? Aunque usted no lo crea y suene muy raro: ¡falta de trabajadores! Es imposible para estas empresas y muchas otras, sobre las cuales se oyen noticias todos los días, conseguir, atraer o retener a todos los trabajadores que necesitan y aunque alguien diría que es normal, especialmente en empresas muy grandes, no lo es en las dimensiones observadas. Por esta razón, muchas de estas empresas mantienen abiertas múltiples vacantes que no pueden llenar. En algunos casos, de 3% a 5% de su nómina, y en otros más extremos y estacionales, hasta 20% de dichas nóminas.

Pero si el desempleo está cerca de 10% y se habla de millones de jóvenes con más de 18 a 30 años que no consiguen empleo, ¿por qué las empresas tienen vacantes sin llenar? La respuesta es simple, pero su solución dista de serlo: los jóvenes desempleados no quieren trabajar en los empleos que el mercado les ofrece y prefieren, en muchos casos, seguir desempleados que hacer esos trabajos. ¿Cuáles son los trabajos disponibles, se preguntarán? Pues todo tipo de labores manuales en distintas industrias; labores de baja y media calificación, manuales, con horarios que inician a la madrugada o se extienden hasta entrada la noche, exigentes y sin jefes empáticos o paternales. Empleos en los cuales es necesario estar enfocado, concentrado y desconectado, es decir, sin el celular en la mano o al alcance, por horas, ¡sí horas! No solo no son empleos “sexys”, sino que son mal vistos por las nuevas generaciones, a pesar de que muchos de ellos han sido educados, criados y mantenidos por padres y familias sacrificados que han vivido así por décadas y se están pensionando de esos mismos empleos y empresas.

Si bien es cierto que algunos de esos empleos no tienen salarios significativamente altos, tienen salarios razonables, prestaciones sociales y algunos beneficios extralegales dependiendo de la empresa y sector. Así que no se trata de un problema de salario, sino de actividad y lo que estas personas están dispuestas, o no, a hacer. Quieren algo mejor y lo quieren ya mismo, pero la economía y el aparato productivo existente no son capaces de ofrecerles lo que quieren en cuanto a flexibilidad, ubicación, ni los ingresos con que sueñan.

Si todo lo anterior es cierto y el desempleo podría ser menor, (de 2 a 4 puntos más bajo según cálculos de varios sectores) al llenar estas vacantes con personas desempleadas y también podría ser sustancialmente mejor para el país en cuestión de pensiones y salud, el que esos empleos formales se llenaran lo más pronto posible y que esas personas aporten al sistema, reduciendo déficit de salud y pensiones, aportando en lugar de recibir subsidios.

Lo que tenemos hoy es un mal entendimiento de la dinámica del desempleo y una desalineación de variables que nos tiene atrapados y alimentando, no solo el círculo vicioso del desempleo con todas las implicaciones sociales de seguridad y económicas que conlleva, sino peor aún, el círculo vicioso de la informalidad y la gravísima desfinanciación del sistema de salud y el de pensiones que pesan como un yunque en el cuello del presupuesto nacional. O más bien, del déficit presupuestal y las funestas proyecciones que sobre el mismo se hacen.

La pregunta del millón: ¿cómo se resuelve esto? La respuesta también es poco “sexy” pero es la que hay: A) Utilizando el Sena y afines, universidades públicas y privadas, institutos técnicos establecidos en todo el país, promoviendo programas concretos con los gremios sector por sector productivo, comenzando con los grandes empleadores, construcción, flores, agro, comercio, industria e ir bajando, hasta copar el pareto del empleo y del déficit. B) Identificando poblaciones y grupos de jóvenes que estén dispuestos a desarrollar algunas de estas actividades por un salario que lo haga atractivo y que, a su vez, durante cierto tiempo, se les forme gratis o a muy bajo costo, en temas que les resulten más atractivos para su futuro. C) Que ese arreglo dure 2 ó 3 años y que una vez las dos partes cumplan su parte, salten a trabajos tecnológicos, con inglés, ingenierías, o tecnologías de información, estadísticas, actuarios, etc. La lista de lo que el nuevo orden global requiere en cuanto a destrezas y conocimientos es bastante conocido y fácilmente enseñable en entidades técnicas y universidades que, estoy seguro, se unirían a esta causa por el futuro de nuestros jóvenes y del país y seguramente serían absorbidos por la economía a medida que avanza la modernización y evolución de la misma.

Lo que hace falta para convertir esto en una realidad es que el Ministerio del Trabajo se enfoque en generar condiciones, acuerdos, pactos, alianzas y convenios como los descritos anteriormente y ponga toda su capacidad financiera y de convocatoria al servicio de este tipo de programas y causas, que el sector privado acogería de inmediato. También lo pueden hacer los alcaldes en sus respectivas ciudades y en otra escala, pero seguramente con mayor celeridad y foco en lo que su región necesita. Medellín es buen ejemplo de esto. No hay gremio en este país que no esté dispuesto a acoger un programa de estos con entusiasmo, por el simple hecho de ser una vía para resolver a sus agremiados, uno de sus más serios problemas. Incluso los gremios podrían armar programas de estos con las entidades mencionadas, sin involucrar al estado; entiendo que ya algunos han llevado a cabo ciertos pilotos sobre temas similares. Alinear a los jóvenes con el empleo y mostrarles que hacer un esfuerzo continuado por 2 ó 3 años les puede permitir acceder a la vida que sueñan, puede llegar a ser lo más positivo de todo esto. Al menos debemos intentarlo; ¡Manos a la obra!

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