Analistas 09/09/2026

Chocó no nació para ser pobre

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Síganos y léanos en Google Discover

Una tierra rica en oro y platino. Rica en agua, en selva, en biodiversidad. Rica en ríos y con una ubicación que cualquier país quisiera tener: costas sobre el Pacífico y el Caribe, una puerta natural hacia dos océanos, una posibilidad enorme para el comercio, la pesca, el turismo, la energía y la conexión con el mundo. Un territorio con Nuquí, Bahía Solano, el Atrato, una de las mayores riquezas ambientales del planeta y una cultura que Colombia todavía no ha sabido dimensionar. Y, sin embargo, allí está el departamento más pobre del país. Allí está también el mayor desempleo. Allí están unos de los peores resultados educativos. Allí está una violencia que se ha metido en la vida cotidiana de sus habitantes. Ese lugar se llama Chocó.

Las cifras duelen porque contradicen todo lo que ese territorio podría ser. El 65,3% de los chocoanos vive en pobreza monetaria. Es el porcentaje más alto de Colombia. El desempleo llegó a 12,8%, también el más alto entre los departamentos medidos por el Dane. Y mientras el promedio nacional en las pruebas Saber 11 fue de 260 puntos, Chocó obtuvo apenas 210.

El terremoto del 10 de agosto volvió a poner esa realidad frente a nuestros ojos y al mismo tiempo abrió una oportunidad para superar la paradoja. La promesa no es reconstruirlo, eso sería devolverlo al 9 de agosto; se trata de construirlo, llevarlo al futuro con proyectos tan ambiciosos como las brechas que hay.

El billón de pesos para infraestructura vial puede conectar al departamento con los mercados y permitir que lo que hoy se produce allí pueda salir y competir. El Malecón puede recuperar el frente de Quibdó y convertir el río Atrato en un motor económico y turístico. Los $5.000 millones de capital semilla pueden darle oxígeno a pequeños empresarios que lo perdieron todo con el terremoto y ayudar a que la reconstrucción genere ingresos, no solamente viviendas nuevas.

El régimen especial minero puede ser decisivo si el oro y el platino, que durante décadas han salido del Chocó, dejan de alimentar la ilegalidad y se convierten en una actividad formal.

La energía es otro punto de quiebre. Sin energía confiable no hay industria, no hay empresas y no hay empleo. También está el turismo. Nuquí y Bahía Solano tienen algo que ningún subsidio puede fabricar: naturaleza.

Las becas para jóvenes apuntan al recurso más importante de todos: el talento. La bancarización puede sacar a miles de productores y emprendedores de la informalidad financiera. La compra directa de productos chocoanos puede ayudar a que parte del valor se quede en el territorio. Y proyectos como el canal interoceánico, aunque sean de largo aliento, pueden aprovechar una ventaja geográfica extraordinaria: tener salida a dos océanos.

Claro que nada de esto será automático. Hará falta seguridad, instituciones, transparencia y ejecución. Pero hay una diferencia fundamental: se está pensando en la solución como cura y no como alivio. Por lo demás, el camino será recorrido en una alianza de pocos antecedentes entre el sector público y el privado.

El verdadero Plan Marshall no son obras, es la decisión de cambiar la relación con Chocó: dejar de verlo como una zona de subsidios y asistencia y empezar a plantearlo como un territorio de producción, inversión y crecimiento. Porque sí, Chocó nació para ser rico.

TEMAS


Chocó - Gobierno Nacional - Producción - Política para millennials