Analistas 12/10/2022

Cuando caiga el velo, caerá el muro

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

La policía de la moral asesina a Mahsa Amini, ¿su delito?, no vestir debidamente la Hiyab.

Todo absolutamente inverosímil: ¿la policía de la moral?, válgame Dios; ¿vestir indebidamente una túnica?, ¿qué es lo debido cuando hablamos de un mínimo sentido de autonomía? ¿Asesinar a una mujer por “violar” los valores subjetivos y arcaicos de un estado clerical? ¿Acaso el principio de la liberta y la autodeterminación no cuentan? Pero vamos por partes, no es que Mahsa se negara a ponerse el velo, no es que quisiera quitárselo, ni siquiera estaba en una expresión de desafío a la dictadura o era un símbolo de su rebeldía. Simplemente no cubrió lo suficiente su cabeza. En la sociedad iraní que reprime por completo los derechos de las mujeres a Mahsa le midieron cada “pelo” que podía quedar al descubierto; el velo tenía que cubrir toda su cabeza, sus brazos y sus piernas, por error, por descuido o simplemente porque así lo quería, Mahsa tenía una parte de su cabeza expuesta y pagó con su vida.

La policía de la moral iraní es un status intimidante para 40 millones de mujeres y niñas desde los siete años. Los agentes conducen por toda la ciudad y tienen facultades para dar el alto a cualquiera, examinar su vestimenta, estudiar detenidamente cuántos mechones de cabello tiene a la vista, el largo de sus pantalones y su abrigo y la cantidad de maquillaje que lleva.

El castigo por dejarse ver sin velo en público puede ser de detención, pena de prisión, multa, latigazos o la muerte. Todo eso por el crimen de ejercer un derecho. Una brutal represión que lleva años incubando una revolución silenciosa y que hoy estalla en gritos. Sin saberlo y sin quererlo, Mahsa fue la gota que rebosó la copa.

En entrevista con CNN, la activista iraní Masih Alinejad, aseguró que “el hiyab obligatorio no es solo un pequeño trozo de tela para los iraníes. Es como el muro de Berlín. Si las mujeres consiguen derribar este muro, la República Islámica no existirá”.

Y es un muro que se va deconstruyendo con hechos simbólicos en todas partes del mundo: en Teherán empezó con la vida de Amini y siguió con la de cientos de jóvenes que han salido a protestar; en el mundo es una declaración pública, una columna de opinión o un mechón. Uno de los actos públicos más destacados fue el de Abir al Sahlani, una diputada sueca de origen iraquí en el Parlamento Europeo.

En plena intervención, Al Sahlani sacó unas tijeras, se cortó un mechón de pelo y pidió más acción por parte del mundo contra Irán “¡Mujeres, vida, libertad!”, gritó mientras sostenía su cabello cortado. Un hecho que inspiró a otras cientos de mujeres, políticas, artistas, estudiantes quienes desde su propia trincheras salieron a apoyar esta revolución que podría ser “la primavera persa”. Acá a nosotras solo nos cuesta un mechón allá, en Irán, les cuesta la vida. Tienen tan poco, que ya no les queda nada que perder y se entregan con arrojo a esa misión.

Estas líneas no son más que un mensaje para decir que las acompaño en su lucha. Estas líneas son mi propio grito de lucha para pedirle al mundo que apacigüe los ojos de la indiferencia: que cuando menos se entienda que en esta revolución iraní cuando caiga el velo, caerá el muro.

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