Analistas 10/08/2022

Lo bueno, lo malo y lo feo

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Dicen por ahí que “desde el desayuno se sabrá cómo será el almuerzo”, apenas llevamos tres días del nuevo gobierno, pero con tanto que pasó y dejó de pasar en la posesión, me voy a atrever a hacer un corte de cuentas que deje sobre la mesa una carrera de pronósticos y apuestas.

Usted puede o no estar de acuerdo con Gustavo Petro, declararse opositor político o contradictor ideológico, pero hay que reconocer que varios de los símbolos de la posesión, arrancando por el tono del discurso, fueron acertados. El lenguaje calmó audiencias que estaban tan llenas de expectativa como de incertidumbre. Por supuesto, por convicción él cree en un cambio profundo del sistema político y económico del país, y en ese mundo se mueve, pero hay que considerar que su presentación fue moderada; se vio como un Jefe de Estado, de izquierda, pero que reconoce la institucionalidad, abre las puertas al sector empresarial y no desconoce el orden político.

En las líneas menos protocolarias, Petro optó por palabras sobrias en las que se aparta del lenguaje agresivo y pendenciero que manejó durante años cuando hacía oposición. Su discurso también dice de lo que no dijo; por ejemplo no habló de la tan popular democratización de la tierra, la JEP para narcotraficantes, renegociación de tratados de libre comercio o reconocimiento de regímenes y dictaduras. El discurso convocó, tendió puentes, tranquilizó, pero, sobre todo, estuvo lleno de grandeza; y se preguntarán, ¿por qué grandeza? Pues porque contrario a lo que estamos acostumbrados a ver en cada transmisión de mando, no puso el espejo retrovisor; más allá de mencionar errores históricos de Colombia como país, nunca habló de índices o resultados de los últimos cuatros años, no levantó el dedo para señalar a su antecesor y ni siquiera, después del episodio tan penoso de la Espada de Bolívar, tuvo alguna palabra descortés.

Lo feo está justamente en ese episodio. La Espada de Bolívar terminó siendo protagonista de la jornada. Aunque la presencia de este símbolo se había anunciado desde hacía días, a última hora no la dejaron sacar de la Casa de Nariño. Y estamos de acuerdo, el expresidente Duque mandaba hasta el último minuto, pero hubiera sido claro desde el principio explicando que por A o B razón la espada no podía salir de Palacio. En cambio, lo que hicieron desde Presidencia fue exigir papeles y hasta una póliza de seguro, que estuvo lista desde el sábado en la mañana. Esa puja de poder, se volvió noticia internacional; un ruido innecesario mas parecido a un capricho infantil y a la necesidad de demostrar quién mandaba, desde cuándo y hasta dónde.

Lo malo de la posesión es esa cuota inicial de decisiones tardías que generan vacíos y desconfianza. Hoy todavía hay un gabinete incompleto y muchos cargos a proveer. Lo que empieza tarde, no empieza bien. Recogiendo las palabras del profesor Jorge Restrepo: “tenían lista la posesión pero no tenían listo el gobierno”. El 7 de agosto fue tan angustiante lo de la conformación del gabinete, que minutos antes de la posesión se conocieron algunos nombres de ministros, pocos alcanzaron a radicar papeles y muchos menos alcanzaron a asumir el cargo. Con un cronograma tan ambicioso como el que plantea el nuevo gobierno, como dicen por ahí, para antier es tarde.

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