Cuidar la capacidad técnica del Estado
La declaratoria de insubsistencia del director del Dane, cuando llevaba apenas 29 días en el cargo, dejó un sinsabor. Más allá de las razones del nuevo gobierno, el episodio abrió una discusión que no deberíamos ignorar: el valor de las instituciones técnicas y de la tecnocracia que las sostiene.
El gobierno anterior dejó dos malas herencias: debilitó instituciones que habían construido capacidad técnica y convirtió la palabra “tecnócrata” casi en un reproche. Se instaló la idea de que el conocimiento técnico era una barrera para el cambio, cuando debería ser lo contrario: una herramienta para que las decisiones políticas produzcan mejores resultados.
La tecnocracia no significa que los técnicos gobiernen ni que las decisiones públicas queden por fuera de la democracia. Los gobiernos son elegidos para fijar prioridades y decidir. Una buena tecnocracia aporta evidencia, memoria institucional y conocimiento especializado. Puede advertir que una política no funciona, que una cifra contradice el relato o que una decisión tendrá costos no considerados. En eso radica su valor.
El Dane es un buen ejemplo. Forma parte del Ejecutivo, pero la ley le asigna la dirección de la producción estadística con plena independencia técnica. Esa independencia no es un privilegio de su director, sino una garantía para todos: su sentido es producir cifras en las que puedan confiar el gobierno, la oposición, los empresarios, la academia y la ciudadanía, con rigor y al margen de la conveniencia política del momento. Un gobierno se fortalece cuando cuenta con instituciones capaces de producir información confiable, conservar conocimiento y aportar una mirada técnica a sus decisiones, incluso cuando sus conclusiones resulten incómodas.
El DNP merece una reflexión parecida. Al comienzo de esta administración sorprendió la caída del nombramiento de quien había sido anunciado para dirigirlo, antes de que se posesionara. Más recientemente, en una reunión del gobierno con el Banco Mundial para acordar una estrategia de cuatro años sobre crecimiento, inversión y finanzas públicas, llamó la atención la presencia del Ministerio de Hacienda y de la Vicepresidencia, y la ausencia del DNP. Una reunión no permite sacar conclusiones, pero sí deja una pregunta sobre el papel que tendrá Planeación Nacional.
El DNP no es una oficina más ni una dependencia de Hacienda: es un departamento administrativo cuya misión es coordinar y orientar la planeación de corto, mediano y largo plazo y la inversión pública. He dicho que necesita reformarse, pero Colombia necesita que conserve su capacidad para pensar más allá de la coyuntura y aportar conocimiento técnico a las grandes decisiones del país.
El nuevo gobierno tiene la oportunidad de recuperar algo que el país no debió perder: el respeto por la tecnocracia y por las instituciones técnicas. Gobernar no consiste en obedecer a los técnicos, pero tampoco en prescindir de ellos. Estas instituciones han acumulado conocimiento, experiencia y credibilidad a lo largo de décadas. Los gobiernos duran cuatro años; la institucionalidad debe perdurar. Cuidarlas, escucharlas y fortalecerlas es también una forma de gobernar bien.