Analistas 23/08/2022

...A “Quimbo proyecto sostenible”

Mima Peña
Directora Come Cuento Podcast

El embalse del Quimbo, en el Huila, es un mega proyecto que comenzó hace 13 años, y que en sus comienzos fue tildado de “chimbo” por los múltiples impactos ambientales y sociales que podría causar. La desconfianza inicial, justificada con razón, por malas experiencias del pasado, ha sido reemplazada lentamente por un proceso participativo y abierto, y hoy en día, El Quimbo es un gran ejemplo de que existen funcionarios, comunidades y organizaciones que trabajan de manera ética y transparente, y, sobre todo, de que sí es posible generar desarrollo y conservar el medio ambiente de manera simultánea.

El proyecto, a cargo de Enel Colombia, comprende la construcción del embalse y su funcionamiento para generar energía. A grandes rasgos, consiste en un muro inmenso que represa las aguas del río Magdalena a la altura de los municipios de Gigante, Garzón y El Agrado, y que después de una caída de 150 metros y el paso por unas poderosas turbinas, genera energía limpia para toda Colombia.

El represamiento, o inundación de los suelos con las aguas del río Magdalena, para crear el embalse, fue el aspecto más criticado del proyecto debido al problema que implicaba el reasentamiento de las personas que habitaban la zona, así como la pérdida ambiental que sufrirían las tierras. Por lo tanto, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, al otorgarle la licencia al proyecto, también le impuso estrictas obligaciones de compensación ambiental y social. En aras de este compromiso, la empresa compró 11.079 hectáreas (3.500 ha más de las afectadas por la inundación), en zonas contiguas al embalse, que Fundación Natura, entidad experta en el tema de compensación y restauración ecológica, está convertido en un extensísimo bosque, que ya ofrece todos los beneficios ambientales.

El trabajo de compensación a gran escala, sin precedentes en el país, realizado por Fundación Natura, se ha llevado a cabo con todo el rigor científico y utilizando variadas técnicas de restauración y siembra con especies nativas, logrando el resurgimiento de un paisaje único en Colombia, por el que ya se empiezan a observar poblaciones de venados, loros, armadillos, monos y felinos. Dada la magnitud del proyecto, seguramente ha habido y habrá dificultades que se deberán sortear, pero los beneficios pesan mucho más, empezando por el suministro de energía libre de emisiones a un gran número de familias, especialmente en el sur del país, que gracias a ello tienen una mejor calidad de vida. Así mismo, el proyecto ha generado empleo y mejores condiciones de vivienda e infraestructura a los habitantes de la zona. Además, cualquier colombiano puede comprobar que en el centro del departamento del Huila existen ahora 11.079 hectáreas en proceso de restauración de bosque seco tropical: El ecosistema terrestre más amenazado de Colombia. Seguramente es más fácil, menos riesgoso y menos desgastante, evitar este tipo de mega proyectos, y dejar, entre otras, que las personas que no tienen como conectar un computador vean a ver, o que se siga talando el bosque para cocinar una comida caliente, pero aplaudo a quienes desde sus diferentes áreas trabajan por el desarrollo sostenible del país.

Finalmente… el bellísimo bosque restaurado al que me refiero aquí y que cada año cobra más valor, es propiedad de Enel, quien lo ha incorporado al sistema nacional de áreas protegidas Sinap como reserva de la sociedad civil. Pero vencida la licencia, el bosque deberá pasar a manos de la nación. Lo que no está claro, es quién es exactamente “La Nación” por lo que, en el 2038, la propiedad de este tesoro podría pasar a los municipios aledaños, al departamento, a la CAM o idealmente al sistema nacional de parques nacionales naturales. Esperamos que el vacío legal se aclare pronto.

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