Analistas

Equivocarse es de líderes

Natalia Zuleta

Así como errar es humano, equivocarse es de líderes. Para mí es una sencilla equivalencia que se da al entender el liderazgo desde una perspectiva muy humana. Creo que en el camino del liderazgo darnos palmadas en la espalda cuando hacemos las cosas bien y funcionan es válido, pero más allá de alimentar nuestros egos, cuando las cosas no salen como planeamos debemos igualmente ser compasivos con nosotros mismos.

Es una idea que me ha estado rondando la cabeza como presidente de junta directiva y líder de equipos. Entiendo que el buen management implica conocimiento, disciplina y rigor, pero también, en tiempos de incertidumbre, se necesita una buena dosis de flexibilidad e intuición. Y cuando actuamos desde este lugar, los márgenes de error pueden aumentar, pues no tenemos todo el control. Debo confesar que en los últimos días he sentido bastante frustración. Una frustración genuina de ver equivocaciones cometidas a lo largo del tiempo. Siento que en el liderazgo subyace la idea de la perfección en muchos sentidos.

Se ha construido un modelo de líder en el imaginario colectivo como alguien que erige conocimiento, verdad y experiencia. Sin embargo, estos aspectos son cambiantes y maleables en un mundo que se mueve a velocidades cada vez más difíciles de asimilar.

Yo, en particular, me miro al espejo y celebro mis aciertos, pero también tengo esa tendencia a observar con profundidad lo oscuro. Diálogo con mis miedos con frecuencia y los desnudo con una facilidad espontánea. En esos momentos de examen de conciencia me juzgo por acción o por omisión. Y duele e incomoda. Soltar las expectativas, empezando por las propias, es un proceso difícil, pero muy liberador.

¿Acaso los líderes no somos humanos?

Me confronta sentirme vulnerable en este terreno porque debo ser ejemplo de equilibrio y de gestión emocional. Sin embargo, en los días grises es difícil no expresarnos y que se note. Este diálogo íntimo que hoy se convierte en columna espero libere a más de uno de esa sensación de atasco y de impotencia.

Permitirse sentir libera, y eso no está en ninguna teoría del management. No evadir lo que está presente cuando las cosas en nuestros escenarios de trabajo no se sienten bien es el acto más grande de conciencia de un líder.

No obviar sensaciones propias de la soledad del liderazgo -el cansancio, el autojuicio y el deseo de botarlo todo- nos permite caminar en dirección a sus opuestos complementarios: la valía, el amor propio y la autoestima. Indagar en nuestro universo interno cuando lo externo nos desafía es un acto de coraje, pero también un compromiso ineludible en el decálogo de un verdadero líder.

Pero nos cuesta ser líderes conscientes porque requiere más trabajo y preparación que un informe para la junta. Nadie nos enseñó a gestionarnos emocionalmente. Entonces evadimos: trabajamos más, nos distraemos fijándonos en problemas que no podemos resolver, nos ahogamos en las redes sociales para ver la alegría o miseria de otros, o simplemente comemos cosas que no nos hacen bien.

Descubrir este lado oscuro del liderazgo no es bonito, pero sí necesario. La frustración es el punto de partida para reinventarnos. A partir de las ruinas se reconstruyen imperios y ciudades.

La idea de felicidad y éxito ya no se construye sobre los títulos que exhibimos. Hoy, una vida ligera, con propósito y en paz se ha convertido en una meta codiciada. Pero eso no se logra desde la ignorancia de lo que somos, sino desde el reconocimiento de nuestros aciertos y errores, y desde la capacidad de trascender el malestar que provoca el derrumbe de ideales y de metas.

Lo bueno es saber -como me decía un amigo- que esto le pasa a los más grandes; a los líderes en empresas enormes, de presupuestos significativos y responsabilidades gigantescas. En realidad, nos pasa a todos, por el simple hecho de ser humanos.

Henry Petroski decía: “El error no es una anomalía de los sistemas humanos; es el mecanismo mediante el cual evolucionan”. Y aquí digo: que la inteligencia artificial no nos quite el derecho a equivocarnos, porque solo así hay evolución.

Entonces vuelvo a mirarme al espejo y escucho con atención lo que mi cansancio quiere revelarme. La frustración de los errores cometidos no nos habla solo de estrategia empresarial; también nos invita a mirar hacia dentro para entender qué debemos replantear y transformar en nosotros mismos para que nuestro entorno cambie.

Y eso, en esencia, es lo que constituye el carácter de un líder. Como dice Brené Brown: “Los líderes no colapsan por equivocarse; colapsan por no sentirse dignos después del error”.

TEMAS


Líder - Liderazgo