La Odisea y sus lecciones sobre liderazgo
viernes, 21 de agosto de 2026
Natalia Zuleta
Hace poco, planeando una sesión de Junta Directiva, vino a mí La Odisea como un relato colmado de mensajes, metáforas y enseñanzas no solo sobre la vida, sino también sobre el liderazgo. Al adentrarme en el mundo de Odiseo no solo encontré inspiración, sino que se abrieron puertas para explorar y dimensionar los desafíos desde un lugar diferente.
Desde que asumí el rol de presidente de Junta, creo que paralelamente he sentido el llamado a encontrarme como líder, a habitar mi vulnerabilidad y a reconocerme cada vez más como ser humano, no solo desde el intelecto y la razón, sino también desde la intuición y el corazón. Este es un viaje que requiere compromiso, coraje y creatividad. Como en el viaje de Odiseo, existe un punto de partida y uno de retorno, y entre ambos, un llamado a crecer de la mano de cada desafío.
Por eso, a lo largo de las reuniones, me he propuesto el reto de inspirar desde mi propio aprendizaje espiritual, aplicando enseñanzas valiosas del mindfulness, la meditación, la creatividad y la escritura. El reflejo de esto es una Junta que se centra al llegar y hace presencia a través de la respiración; una Junta abierta a observar diferentes perspectivas de un mismo problema; y una Junta dispuesta a abrazar la vulnerabilidad y convertirla en una herramienta estratégica para el cambio y la toma de decisiones.
Estaría mintiendo si dijera que a veces no siento temor al abrir una Junta con la imagen de Odiseo o de un buzo en el fondo del mar, por miedo a que piensen que estoy loca. Pero he aprendido a dominar esas voces del ego y a dejarme llevar por una especie de intuición cuya brújula es el corazón.
Y para compartirles un ejemplo de lo que pongo sobre la mesa, creo que Odiseo es una buena invitación a mirarnos como líderes porque su viaje representa un camino que transforma al viajero. Una sucesión de acontecimientos que nos hace reflexionar sobre nuestra manera de enfrentarnos a una realidad que, en medio de la incertidumbre, puede traernos más preguntas que respuestas.
La travesía es una representación de las tentaciones, las decisiones difíciles, las pérdidas y las pruebas que enfrentamos a lo largo del camino del liderazgo, y que pueden impactar de manera definitiva la forma en que llegamos al destino. En realidad, La Odisea nos habla de cómo atravesar la incertidumbre sin perder el propósito y, al mismo tiempo, permitirnos ser transformados por el proceso. Porque el liderazgo es una tarea de aprendizaje continuo en la que estamos llamados a la autorreflexión constante para gestionar el cambio: el nuestro y el del entorno.
En particular, conecté con tres momentos del viaje, con sus metáforas y enseñanzas, y con las preguntas que despertaron en mí profundas reflexiones.
El encuentro con el cíclope Polifemo. Un monstruo depredador al que Odiseo debe engañar para no morir y lograr salir de una cueva cuya entrada está bloqueada por una enorme piedra. Aquí la reflexión está en no quedar atrapados en una lógica que ya no podemos vencer con las herramientas de siempre. En comprender que, muchas veces, resolver el problema evidente puede empeorar el problema estructural. Y también en reconocer que la inteligencia estratégica exige controlar el ego. ¿Cuál es la piedra que nos impide salir de la cueva?
El encuentro con Escila y Caribdis. En el estrecho entre Sicilia y Calabria, Odiseo debe navegar entre dos amenazas y enfrentar una decisión terrible: arriesgar toda la embarcación y a sus hombres o aceptar la pérdida de parte de su tripulación. Es la metáfora de esos momentos del liderazgo en los que no existe una alternativa perfecta y debemos decidir entre riesgos, sostener la incertidumbre y pensar con cabeza fría.
¿Qué capacidad tenemos para navegar entre los riesgos cuando ninguna opción está libre de pérdida?
La llegada a la isla de Calipso. Una diosa le ofrece tranquilidad, amor e inmortalidad. Calipso representa aquello que puede ser suficientemente bueno como para hacernos olvidar lo que verdaderamente queremos. Es la comodidad que trae consigo la tentación de permanecer. La dificultad de comprender que no todo lo que nos protege nos permite avanzar. ¿Qué estamos dispuestos a dejar atrás, incluso si funciona, para poder llegar a donde realmente queremos ir?
La experiencia de esta Junta terminó siendo, de alguna manera, nuestra propia odisea. Se tocaron temas complejos, se abrieron conversaciones incómodas y difíciles y se hizo catarsis de muchas cosas. Y es que pienso que, además de analizar cifras y tomar decisiones estratégicas, las Juntas son también escenarios de contención y transformación para los líderes.
No podemos dirigir el rumbo si la tripulación no se transforma y se enfoca en el destino. No podemos conectarnos únicamente con la razón sin abrir espacio a la sabiduría, la intuición y la reflexión.
Una odisea es, finalmente, un viaje largo atravesado por aventuras, dificultades y obstáculos que debemos superar para alcanzar un destino. Pero quizá lo más interesante del relato de Homero es que Odiseo no regresa siendo exactamente el mismo hombre que partió.
Tal vez ahí reside una de sus mayores lecciones sobre liderazgo: no se trata únicamente de llegar a Ítaca, sino de preguntarnos en quiénes nos estamos convirtiendo mientras intentamos llegar.
El mundo necesita líderes que se atrevan a emprender ese viaje: arriesgados y conscientes, estratégicos y humanos, capaces de reconocer su vulnerabilidad sin perder el rumbo.