Analistas 01/06/2026

Agua residual tratada, un tesoro para aprovechar

Natasha Avendaño
Gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá

Colombia tiene un inmenso potencial de fuentes hídricas que produce grandes cantidades de agua para cubrir la totalidad de la demanda de la población y, particularmente en nuestro caso, tenemos el privilegio de contar con uno de los 36 complejos de páramos del país, el de Chingaza, que ofrece agua superficial de la mejor calidad, lo que facilita su captación, potabilización y transporte para millones de habitantes de Bogotá y la región.
Esta situación nos ha llevado, en ocasiones, a asumir que el agua es un recurso infinito y que se puede malgastar; sin embargo, ciudades desarrolladas del primer mundo nos muestran cómo la situación de abastecimiento es radicalmente diferente.

Es el caso del Condado de Orange, Estados Unidos, ubicado al sur del estado de California y muy cerca de la ciudad de Los Ángeles, en donde se desarrolla un proceso de gestión y protección de su cuenca de aguas subterráneas, tratando agua residual con diferentes procesos fisicoquímicos y naturales, para que ingrese de nuevo a la cadena de producción de agua potable y se recargue el acuífero del cual se abastece gran parte de la población.
El encargado de este desarrollo es el Distrito de Agua del Condado de Orange (Ocwd, por sus siglas en inglés), responsable de suministrar agua potable a 19 ciudades, recurso que en 85% proviene de la cuenca de aguas subterráneas.

Y es que, por décadas, esta región sacaba del acuífero más agua de la que la naturaleza podía reponer, y la solución que el Distrito encontró fue la de aprovechar las aguas residuales, iniciando por un tratamiento avanzado de microfiltración para eliminar partículas, bacterias y patógenos protozoos; ósmosis inversa, para la eliminación de compuestos químicos; y luz ultravioleta con peróxido de hidrógeno para desinfectarla de patógenos y remover restos de residuos orgánicos. Así, se inyecta de nuevo al acuífero, donde permanece durante mínimo seis meses, un proceso que funciona como “barrera ambiental” adicional capaz de filtrar partículas, reducir patógenos, degradar materia orgánica, absorber algunos contaminantes y estabilizar química y biológicamente el agua.
En este punto, el agua todavía no se considera apta para el consumo humano y debe pasar por una planta de potabilización avanzada, donde se desinfecta y filtra para poder entregarla nuevamente y sin ningún tipo de riesgo a la población, cumpliendo con todos los estándares estatales y federales de agua potable.

Para el caso de nuestra ciudad, nuestra casa, en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab) estamos recirculando parte del agua residual que se trata en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Salitre (PTAR Salitre), contribuyendo a la reducción del consumo de agua potable y al cierre del ciclo hídrico dentro de la planta. Hoy reutilizamos unos 67.400 metros cúbicos (m3) / mes de agua residual tratada, lo que representa cerca de 0,5% del efluente.

Esta reutilización se aplica en el sistema de autolimpieza del cribado fino, los clasificadores de arena del pretratamiento, los compresores del proceso de digestión, el lavado de las mesas espesadoras y en actividades de aseo de galerías y zonas comunes, fortaleciendo las prácticas de sostenibilidad de la operación y obteniendo importantes resultados, como un ahorro de 63% en el consumo de agua potable. Y también avanzamos en un piloto para usar 24.000 m3/mes de aguas residuales tratadas en las mezclas de concreto de la empresa Cemex, donde se han hecho ensayos de laboratorio con resultados favorables.

Ampliar el reúso del agua residual tratada, inicialmente en actividades industriales, es la línea de acción en la que seguimos trabajando, pues nos permitirá valorizar este recurso y reducir la presión sobre fuentes hídricas naturales.

El potencial que tiene el agua residual tratada es enorme y, aunque en Colombia las condiciones son muy diferentes a las de ciudades como Los Ángeles, nuestra obligación es encontrar alternativas para usar este recurso en actividades que no requieren agua potable, como el riego de cultivos, de canchas de fútbol o campos de golf; refrigeración industrial, limpieza de mobiliario urbano o lavado de maquinaria, entre otros.

Esta es una valiosa manera de seguir cuidando nuestras fuentes hídricas superficiales, que hoy nos permiten abastecer de agua potable a millones de personas, pero también cuidar el agua que dará vida a las futuras generaciones.

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