Analistas 03/08/2026

Empresarios con licencia para crecer

Núria Vilanova
Presidente de ATREVIA

La semana pasada fui testigo de la toma de posesión de Keiko Fujimori. En su discurso lanzó un mensaje que va más allá de Perú: “Queremos empresas sostenibles y más empleo formal. A la inversión le ofreceremos estabilidad, seguridad jurídica y reglas claras. Porque cuando la inversión se multiplica, se crean empresas, se genera empleo y crece el país”.

Además, justo antes, en un encuentro organizado por el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi), reconoció el papel de nuestra organización como “puente entre el sector público y el privado. Porque políticos y empresarios no somos adversarios. El desarrollo sostenible solo puede construirse desde la colaboración entre administraciones, empresa, academia y sociedad civil”.

Perú no es un caso aislado. La región vive un cambio de ciclo político que también debe ser económico y social. Muy pronto Colombia iniciará una nueva etapa con un nuevo gobierno. Ese nuevo escenario plantea un desafío para los empresarios. Ya no basta con crecer. Somos parte de la solución. La diferencia está en el impacto positivo que seamos capaces de generar en la sociedad.

Iberoamérica cuenta con empresas extraordinarias, pero que deben comprender, como ya están haciendo, que hoy el valor de una empresa depende tanto de lo que hace como de lo que representa. La marca y la reputación se han convertido en activos estratégicos.

Pero el cambio va mucho más allá. Desde una empresa centrada exclusivamente en los accionistas, evolucionamos hacia otra orientada a todos sus grupos de interés. Hoy ya estamos en otra fase. La comunidad donde opera y la sociedad en su conjunto se han convertido en un actor decisivo. La legitimidad empresarial dependerá cada vez más de la confianza que inspire y del impacto que genere.

Cada vez son más los empresarios que se preguntan cuál será el legado que dejarán. Es una reflexión imprescindible. La rentabilidad continúa siendo la condición necesaria para que una empresa exista, pero ya no es suficiente para responder a los grandes retos de nuestro tiempo. La desigualdad, la polarización o la pérdida de confianza en las instituciones exigen recuperar una visión más humanista del liderazgo empresarial.

En América Latina, muchas situaciones de pobreza están vinculadas a problemas estructurales: violencia, falta de oportunidades o entornos familiares vulnerables. La educación cambia vidas y rompe ese círculo. Las empresas no pueden permanecer indiferentes. El compromiso social ha dejado de ser un gesto voluntario para convertirse en una responsabilidad compartida.

A ello se suma una transformación tecnológica sin precedentes. La inteligencia artificial y la nueva revolución industrial modificarán profundamente numerosos sectores intensivos en conocimiento, mientras que otros, como la construcción o el sector primario, pueden encontrar nuevas ventajas competitivas. En todos los casos, las organizaciones deberán adaptarse con rapidez, generar confianza y explicar con claridad el valor que aportan.

Ese compromiso también debe trasladarse al ámbito institucional. Las alianzas entre gobiernos, empresas, universidades y organizaciones sociales serán decisivas para impulsar un crecimiento más inclusivo y sostenible. Nadie transformará la región actuando en solitario.

Iberoamérica tiene talento, empresarios comprometidos y empresas capaces de competir con los mejores. La licencia para operar ya no se obtiene únicamente cumpliendo la ley o presentando buenos resultados. Se gana demostrando que el beneficio económico y el impacto social avanzan juntos; que la innovación mejora la vida de las personas; que la rentabilidad fortalece también a las comunidades. Y todo eso, además de hacerlo, habrá que comunicarlo y visibilizarlo desde nuevos parámetros.

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