La imprescindible perla de la innovación

Núria Vilanova

La innovación, en el mundo que vivimos, se ha convertido en la piedra angular del desarrollo: sin ella se pierde la posibilidad de engancharse a la actual IV Revolución Industrial-Digital y un país corre el riesgo de quedar marginado.

Sin embargo, hay que entender la innovación como una pieza más dentro de un complejo engranaje. Una perla importante dentro de un collar que, para ser bello, requiere de otras perlas que la acompañen, realcen y refuercen su valor.

En el caso latinoamericano también la perla de la innovación tiene que estar acompañada de otras para no palidecer en solitario. Innovación no puede entenderse sin previa y paralela inversión en capital humano y físico para ganar en competitividad y productividad; sin políticas públicas que, en alianza con el sector privado, amparen el emprendimiento y la diversificación.

Latinoamérica no vive el mejor de los mundos en esta segunda década del siglo XXI pero tampoco en el peor. Tiene grandes retos, incluso serios problemas, pero también oportunidades a su alcance. Esos retos que afronta la región son complejos y no admiten soluciones a corto, ni fáciles, sino de carácter integral, apuestas a medio y largo plazo. Por eso, la ciudadanía debe ser consciente de que las fórmulas milagrosas no existen. Latam saldrá de su estancamiento con mucho y duro trabajo y haciendo reformas que, a veces, podrán parecer poco amables pero a largo rendirán sus frutos.

Es clave vincularse de forma activa a esa IV Revolución Industrial-Digital para no perder el tren del futuro, lo que requiere una decidida apuesta por el emprendimiento y los emprendedores, así como por la innovación. Pero innovación y emprendimiento no son islas al margen del resto de la sociedad y de la economía. Su desarrollo e impulso van encadenados al impulso de otras áreas estratégicas. Para ser más productivos y competitivos hay que apostar por la inversión en infraestructuras. Precisamente, el costo logístico se ha convertido en uno de los principales problemas que enfrentan las empresas locales y extranjeras para operar en la región.

Asimismo, la profunda brecha educativa que existe en Latinoamérica imposibilita que florezca un emprendimiento apoyado en la innovación. Vincular emprendedores con tecnologías emergentes (inteligencia artificial, el aprendizaje automático, los sistemas conversacionales y la Internet de las cosas) para lograr ser más eficientes y productivos requiere, como precondición, invertir en las personas, en educación. Solo con una capacitación adecuada los individuos pueden utilizar y maximizar las últimas tecnologías.

El BID ha demostrado que la inversión promedio de 5% del PIB en educación en la región rinde pocos frutos. De hecho, solo 30% de los niños en tercer y cuarto grado tienen los conocimientos y habilidades fundamentales para adaptarse a las exigencias de la era digital, como es el dominio de las matemáticas. El reto es, por tanto, no tanto invertir más sino hacerlo mejor: llevarlo a cabo en todos los niveles educativos desde primaria hasta la Universidad, mejorando los programas educativos destinados a que los estudiantes adquieran las habilidades y herramientas para poder acceder a trabajos altamente cualificados. Y el proyecto reformista que los países de Latam tienen por delante tiene que ser de carácter integral para ser eficaz. Como más de una vez ha dicho Enrique V. Iglesias, “Latinoamérica necesita innovación para dar un salto en las áreas claves para la prosperidad y el crecimiento”.

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