Ocde: un incentivo para mejorar

Núria Vilanova

“La adhesión de Colombia contribuirá a los esfuerzos por transformar la Ocde en una institución más diversa e inclusiva. Los retos globales que afrontamos solo pueden abordarse si las economías emergentes, en desarrollo y avanzadas trabajan de forma conjunta”.

Así saludó el secretario general de la Ocde, Ángel Gurría, el reciente ingreso colombiano en el organismo, al mismo tiempo que señalaba que el ingreso es a la vez un premio por el trabajo bien hecho y una exigencia para no dormirse en los laureles y redoblar esfuerzos. Una gran oportunidad de cambio y mejora que gestionará desde agosto el presidente electo, Iván Duque.

Quizá la sociedad colombiana no sea aún consciente de la importancia que entraña entrar en la Ocde. No sólo da al país enorme proyección internacional, sino que Colombia queda adherida, tras haber superado las pruebas, a un selecto club que le permitirá incrementar los vínculos con las principales instituciones globales, que le reconocen como país con buenas prácticas económicas.

El ingreso impulsará, además, la inversión extranjera y el intercambio tecnológico y de conocimiento con otras naciones.

Creo que la entrada en la Ocde es un privilegio y una responsabilidad. Y que remarca la importancia de hacer las cosas bien. Ayudará a las empresas y al nuevo Gobierno a ofrecer al país nuevas expectativas de desarrollo y bienestar y será desde ya importante en todas las decisiones que tome Colombia.

Ingresar en este club es clave en un momento en el que los organismos multilaterales son fundamentales en un mundo globalizado. Y, en concreto, en un grupo que defiende unas buenas prácticas hoy imprescindibles después de lo que la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan ha denominado el ‘Tsunami ético’ de Odebrecht.

Que Colombia pertenezca a la Ocde es un espaldarazo a la obra de modernización socioeconómica de los gobiernos colombianos en los últimos lustros y, a la vez, un fortísimo incentivo para seguir por esa senda y no abandonar el camino reformista.

Pero también es una exigencia: hay que seguir haciendo los deberes porque ahora Colombia va a compararse con los más desarrollados. Un ‘elemento de presión’ para que el país empiece a aspirar a tener estándares más exigentes en políticas públicas; infraestructura, impulso a la I+D…

Además, hay una vertiente latinoamericana, ya que eleva el peso y la presencia de la región en organismos internacionales, como ha enfatizado un Ángel Gurría que expresó también su satisfacción por el ingreso colombiano hace unos días en Madrid, al participar en el encuentro “Innovación gubernamental para un Estado al servicio de la Sociedad” del Consejo Iberoamericano para la Productividad y la Competitividad, del que es copresidente Enrique V. Iglesias, presidente de honor de un Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi) que me honro en presidir. Y un Cipyc con el que además colabora mi compañía, Atrevia.

Colombia se transforma en el miembro número 37 de este ‘club de la excelencia y buenas prácticas económicas’, en el que hasta ahora la región sólo había logrado incluir a México y Chile. Con ellos puede coordinarse para alcanzar la categoría de actores importantes dentro del concierto global y actuar como elemento más en favor de un multilateralismo cuestionado en la actual coyuntura por renacidas tendencias proteccionistas.

Es, asimismo, un éxito para la Alianza del Pacífico, tres de cuyos cuatro fundadores (todos menos un Perú que aspira a entrar en breve) están ya en el grupo.

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