Tribuna Parlamentaria 15/10/2026

No es lo mismo estar cansado, que sentir que ya no puedo con la vida

Olga Lucía Velásquez
Miembro de la Cámara de Representantes
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Desde la pandemia de covid-19, la conversación sobre el bienestar y la salud mental se ha vuelto más frecuente. Hemos comenzado a ver en redes, en periódicos, en las calles y en las casas cada vez más información sobre este tema. Sin embargo, hoy, hablar de “salud mental” sigue siendo hablar sobre malestar.
Las palabras más frecuentes se refieren directamente a trastornos: “ansiedad”, “pánico”, “bipolaridad”, “estrés”, entre otros. Confundimos el síntoma con la enfermedad, así como confundimos la ausencia de sufrimiento con tener una vida plena. Porque lo que no nos duele no nos incomoda.

Gracias a la Ley 2460 de 2025, octubre es el mes de la salud mental (este es el segundo año que se celebra), con el fin de promoverla, crear consciencia de su importancia en nuestra vida y en la de nuestras familias, y transformar la sociedad. Por eso, este mes quiero proponerles una reflexión que nos permita diferenciar situaciones que creemos normales, similares o iguales, pero que, sin duda alguna, no son lo mismo. Es muy importante aprender a identificar y distinguir lo que sentimos.

Cuando llegamos a la casa, después de un día agotador, y nuestra pareja o familia nos pregunta: “¿Cómo estás?”, ¿qué es lo primero que respondemos? “Bien”. ¿Qué significa “estar bien”? No es un estado, es un calificativo. Es la manera en la cual consideramos que nos sentimos, o consideramos que debemos sentirnos. A primera vista parece insignificante: nos acostumbramos a decir “estoy bien”.

¿Qué efecto puede traer no llamar lo que sentimos por su nombre? Si no sabemos nombrarlo, no existe.
Si yo tengo una discusión con una de mis amigas, siento que la sangre se me sube a la cabeza y me comienzan a sudar las manos, ¿qué es eso que siento? ¿Rabia? ¿Frustración? ¿Cuál es la diferencia? Cuando comenzamos a describir las sensaciones que tenemos, podemos entender mejor qué son, de dónde vienen y qué hacer con ellas.

Si mi molestia con mi amiga viene de algo que ella hizo, es diferente a que esté causada por una situación en la que estamos involucradas las dos y cuya resolución no es la que yo quería. Circunstancias distintas llevan a emociones distintas. No es lo mismo sentir frustración que sentir rabia; no es lo mismo querer siempre tener la razón que ser capaz de reconocer los errores. Pero si yo me concentro únicamente en lo que siento, sin pensar en el porqué y el para qué, y proyecto esa sensación hacia ella, estaré indisponiéndome en contra de alguien a quien quiero sin saber qué hacer con ese malestar, lo que llevará a un problema casi imposible de resolver.

Reconocer nuestras emociones es necesario y fundamental no solo en la cotidianidad, sino también a largo plazo, pues nos permite ser conscientes de cómo está nuestro bienestar. No es lo mismo estar cansado un día, o incluso varios días, que pasar semanas sintiendo que ya no puedo con la vida, que me pesa, que el sufrimiento es mayor que la tranquilidad o el amor que tengo por mí mismo. Cuando permitimos que las emociones se acumulen, sin ser tramitadas, corremos el peligro de dejar que estas nos desborden. Siempre que sientas que necesitas ayuda, pídela. ¡Sé valiente!

Debemos hacer consciencia de la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano: no es tan fácil identificar un malestar, un dolor o un trastorno en la salud mental. A veces es incluso un dolor de cabeza, volverse olvidadizo con las cosas, no poder conciliar el sueño, estar irritable todo el tiempo, dejar de disfrutar actividades que antes nos apasionaban, comenzar a aislarnos, evitar y alejar a quienes nos aman.

Por eso, quiero invitarles este mes a pensar en esas diferencias sutiles, pero tajantes; a desaprender las falsas creencias que nos limitan en el cuidado y a aprender nuevas maneras de proteger y preservar nuestro bienestar. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 20 años más de 50% de la población mundial sufrirá de algún trastorno de salud mental. ¿Cuánto tiempo creen que tomará para que llegue a 100%?

Antes de que sea demasiado tarde, hagamos consciencia y transformemos nuestros hábitos, porque el cuidado comienza en cada uno de nosotros.

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Análisis - Calidad de vida