Analistas 28/03/2026

La educación superior: el país que sí sabe dialogar

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

El reciente encuentro del Consejo Nacional de Rectores (Ascun), celebrado en la U. Popular del Cesar, en la ciudad de Valledupar, deja una señal que no debería pasar desapercibida. Mientras el debate público se fragmenta, las IES han logrado sostener un espacio de diálogo, construcción colectiva y visión de largo plazo. En medio de un país que vive atrapado en la polarización, hay un escenario donde todavía es posible construir acuerdos: el sistema de educación superior. Y eso, en la Colombia de hoy, no es menor.

Lo que allí se dialogó no fue poco ni superficial. Los rectores abordaron, con rigor y sin estridencias, los grandes temas estructurales del sistema: la financiación del modelo mixto, la articulación del sistema educativo, la calidad, la gobernanza universitaria, la ciencia y la tecnología, el bienestar estudiantil, la transformación digital y los efectos del cambio demográfico. Es decir, los temas que realmente definen el futuro del país. Pero más importante que la agenda es la forma como se construye. El diálogo muestra que el sistema universitario ha venido consolidando una ruta compartida, basada en la escucha mutua interinstitucional, la cooperación académica y la interlocución técnica con el Estado y la sociedad.

En otras palabras, las IES han entendido algo que el país aún no logra asumir plenamente: que los problemas complejos no se resuelven desde la confrontación, sino desde la construcción colectiva. En un contexto político marcado por la lógica de “amigos y enemigos”, el sistema universitario ha optado por otro camino: el de la gobernanza colectiva. Un modelo que reconoce la diversidad -instituciones públicas y privadas, regiones, tamaños y misiones-, pero que al mismo tiempo construye una voz común en torno a los grandes desafíos nacionales.

Esa es, quizá, una de las lecciones más valiosas que deja este momento, porque Colombia no necesita más sectores fragmentados: necesita sistemas articulados. El riesgo que hoy enfrenta la educación superior, y el país en general, no es solo financiero o normativo. Es más profundo: es el riesgo de trasladar la polarización política al funcionamiento de las instituciones. Cuando eso ocurre, los sistemas dejan de cooperar, se debilita la confianza y se pierde la capacidad de construir políticas de largo plazo.

Por eso, insistir en la necesidad de un sistema integrado, armónico y no polarizado no es un llamado retórico, sino una condición para la sostenibilidad del país y para modelar formas de convivencia. En ese sentido, el trabajo que ha venido desarrollando el sistema universitario, articulado a través de escenarios como el Consejo Nacional de Rectores, muestra que sí es posible construir una agenda común sin negar la diferencia, que es posible debatir sin destruir y pensar en el largo plazo en medio de la coyuntura.

El sistema educativo colombiano está llamado a elevar la conversación, aportar evidencia y construir acuerdos posibles. Porque, al final, el verdadero desafío no es solo mejorar el sistema educativo, sino construir una sociedad capaz de pensar colectivamente su futuro. Y, en ese camino, las IES tienen algo que enseñar: que la diversidad no es un problema, siempre que exista la voluntad de construir juntos.

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