Analistas 22/11/2025

Necesidad de un sistema educativo superior que le hable al país

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Reflexionando en torno a la política pública del sector de la educación superior de nuestro país, comparándola con un análisis último de la Ocde, se percibe que no estamos preparando a los estudiantes para la economía del conocimiento. Colombia no está preparando a su gente para el presente y futuro. Y no porque falte talento, eso nos sobra, sino porque el sistema educativo es un rompecabezas sin engranajes, donde cada pieza funciona por su cuenta. Mientras el mundo avanza hacia credenciales digitales, rutas modulares y sistemas interoperables, aquí seguimos atrapados en burocracias del siglo XX: datos atrasados, títulos rígidos, instituciones aisladas y una desconexión crónica entre academia y sector productivo. La verdad es simple: no tenemos un sistema de educación superior; tenemos muchas partes que no conversan entre sí.

Los organismos internacionales consideran esenciales para un sistema moderno varios marcos de referencia: credenciales flexibles, colaboración sistémica, aseguramiento de la calidad basado en resultados e información oportuna para los estudiantes y para las IES. Lamentablemente aún hay errores que nos frenan: Carreras rígidas: cuando el mundo pide flexibilidad, credenciales y microcredenciales y aprendizaje a lo largo de la vida. Desprecio a lo técnico y tecnológico: justo lo que más necesita el país y más emplea jóvenes. Datos viejos para decisiones nuevas: IES que planean mirando por el retrovisor. Desconexión con las empresas: la formación no responde al mercado laboral ni a las industrias emergentes. Así, mientras unas IES se mueven al ritmo del mundo, otras ni siquiera han comenzado la carrera. En articulación con el sector productivo existen iniciativas destacadas pero siguen siendo islas de innovación sin un mar de políticas integradas. El Sistema Nacional de Cualificaciones existe, pero no opera; las rutas entre técnica, tecnología y profesional universitaria siguen bloqueadas; y el reconocimiento de aprendizajes previos es una promesa vacía para miles de trabajadores y poblaciones étnicas cuyos saberes no caben en formatos tradicionales. Los países líderes operan con analítica avanzada, IA para orientar trayectorias y sistemas interoperables de datos educativos y laborales.

¿Qué ruta deberíamos tomar? La respuesta no es crear más políticas, decretos o comités porque ya hay bastante normativa, lo que falta es conexión, interoperabilidad y gobernanza. Señalo tres pasos urgentes para cerrar las brechas: Construir un Sistema Terciario Integrado. La educación superior, la formación para el trabajo y las certificaciones laborales no pueden seguir siendo mundos paralelos. El estudiante debe poder moverse entre vías como quien cambia de carretera, no como quien salta un abismo. Crear un Marco Nacional de Credenciales Digitales Interoperable. Europa ya lo hizo con Europass. Chile y Australia avanzan aceleradamente. Colombia debe dejar atrás la selva de microcursos, badges y certificaciones inconexas y construir un lenguaje común para que el sector productivo confíe en lo que certificamos y la ciudadanía pueda progresar por rutas acumulativas y flexibles. Adoptar un Sistema Nacional de Información en Tiempo Real.

No se trata de modernizar plataformas, sino de usar inteligencia artificial, analítica laboral y datos abiertos para que estudiantes, IES y empresas tomen decisiones informadas. Sin datunos actualizados, no hay pertinencia; sin pertinencia, no hay empleabilidad; sin empleabilidad, no hay movilidad social. Colombia necesita una educación superior que no solo sea moderna, sino justa, flexible y conectada con el país real. No es un lujo académico: es una urgencia económica.

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