Analistas 08/07/2023

Transformación profunda de la educación

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

La necesidad de formar para el trabajo se ha vuelto continua y desafiante. Nos preguntamos ¿qué tipo de formación necesitamos? ¿formación en habilidades, educación en el discernimiento o ambas? ¿y algo más?
En este contexto, la educación superior continua inmersa en un periodo de cambios sin precedentes mientras vislumbra su futuro. Con los cambios que el mundo experimenta desde diferentes frentes, particularmente desde el tecnológico o digital, los sociales, culturales y económicos, la educación superior está invitada a adaptarse a un contexto de permanente evolución.

Los desafíos son diversos y abarcan muchas iniciativas de orden estratégico, táctico y operativo como, por ejemplo, la inclusión de nuevas metodologías pedagógicas y didácticas flexibles que permitan un aprendizaje activo, la actualización de las propuestas curriculares que reflejen las demandas del mercado laboral de hoy y del futuro, y el desarrollo de competencias integrales. Lo retador aún -para la educación superior- está en que haga posible que muchos más estudiantes entren al sistema y, con ello, se desarrolle una sociedad más incluyente y equitativa, aunque se reconocen esfuerzos en esa dirección.

Para lograr esta meta, se necesita una transformación profunda que permita el desarrollo de instituciones en perspectiva de libertades, derechos y responsabilidades. El fomento y la política pública está llamada a: la expansión del acceso, cobertura y equidad; promover un espíritu de lucha contra la discriminación y en pro la justicia social; mejorar en la calidad de la enseñanza y el aprendizaje; desarrollar una renovación curricular acorde con el mundo del trabajo; hacer que la investigación sea socialmente relevante e impactante frente a las verdaderas necesidades de las personas y comunidades; fortalecer los sistemas de gobernabilidad, liderazgo y administración de las Instituciones de Educación Superior (IES); y establecer infraestructuras físicas y virtuales adecuadas para el propósito de una educación experiencial, de calidad y pertinente.

Vivimos tiempos donde la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial se nos presentan imprescindibles en el objetivo formativo, pero no es suficiente formar en las habilidades que respondan a estas realidades. Es preciso activar el discernimiento para saber si estas tecnologías servirán al ser humano o nos convertirán en sus servidores, para distinguir entre esto sí, y esto no. Sin discernimiento nos falta el juicio sabio de lo que realmente aporta valor. Al discernimiento se une eso que llamamos la elevación del nivel de consciencia, que en palabras llanas significa que podemos ver el mundo más allá del interés propio (bajo nivel de consciencia), y tener una mirada de interconexión con las personas y el entorno real (alto nivel de consciencia).

Por mucho tiempo hemos formado en conocimientos y habilidades en perspectiva de aprendizaje horizontal, representado por el gesto del que abre sus brazos para abrazar más disciplinas y más títulos. El reto actual es aprender verticalmente e incluirlo como parte esencial de la formación continua, en otras palabras, se trata de transformar nuestra forma de ver y entender el mundo.

Es un aprendizaje personal, de autoconocimiento y reflexión guiada. Es una invitación a activar esa inmensa inteligencia humana que vale la pena que aflore desde un entorno liberador. El cambio abre la puerta a la colaboración y la creatividad. La respuesta está en el interior de cada uno, y hacia esos niveles de consciencia es que la educación debe transformarse profundamente, para contribuir a transformarnos como individuos.

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