Analistas 07/07/2026

Competitividad nacional en la era de la IA reside en la confianza, no en la tecnología

Park Sun Tae
Diplomático coreano retirado y especialista en América Latina

La humanidad se enfrenta actualmente a otro punto de inflexión civilizatorio trascendental. Si bien la Revolución Industrial transformó la forma en que trabajamos y la Revolución de la Información conectó al mundo en una sola red, la inteligencia artificial (IA) está sacudiendo fundamentalmente los paradigmas de todos los sectores de la sociedad, desde la producción y el consumo hasta la educación, la sanidad, la administración y la defensa nacional. La IA ya no es una tecnología de vanguardia selectiva. Es la infraestructura nacional más crítica que determina la supervivencia y la competitividad futura de una nación.

Este cambio es un desafío común tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo. La diferencia no radica en la dirección del cambio, sino en la rapidez y la sistematicidad con que se preparan para él. Al observar las políticas de transformación industrial que el gobierno coreano ha impulsado con tanta determinación en los últimos tiempos, recordé una vez más las preguntas que más he recibido en el ámbito de la diplomacia latinoamericana durante los últimos 30 años:

“¿Cómo logró Corea la industrialización en tan poco tiempo?”

“¿Cuál es el secreto de la capacidad de Corea para recuperar el liderazgo mundial cada vez que surge una nueva civilización tecnológica?”

La respuesta más realista y clara a estas preguntas reside en la estrategia industrial nacional que Corea está implementando actualmente. Este artículo no se escribe simplemente para ensalzar el éxito de Corea. Se escribió con la intención de compartir un ejemplo práctico y un hito que pueden considerar los países latinoamericanos, incluido Colombia, en su preparación para la era de la IA.

La esencia de la competitividad de Corea: un «ecosistema industrial»
Corea está inmersa en una profunda transformación para reestructurar su economía nacional, designando los semiconductores, la IA, la robótica, la movilidad del futuro, la biotecnología y la industria aeroespacial como ejes clave de crecimiento para impulsar la economía del futuro. El plan para los megaproyectos industriales del futuro, anunciado recientemente por el gobierno, no es solo un proyecto sobre el papel.

Mediante reuniones presididas personalmente por el presidente, este instruyó a los ministerios y gobiernos locales pertinentes para que eliminen de forma proactiva los factores que retrasan las inversiones y está agilizando drásticamente los trámites administrativos de concesión de licencias para garantizar con antelación infraestructuras básicas como la electricidad, el agua industrial y las redes logísticas. La Asamblea Nacional también está brindando su apoyo mediante la creación de un comité especial para la innovación regulatoria y el apoyo presupuestario. Esto se debe a que se ha alcanzado un consenso bipartidista de que los futuros motores de crecimiento no deben convertirse en objeto de disputa política.

Esta profunda transformación industrial no es simplemente un paquete de estímulo económico a corto plazo. Se trata de una reestructuración masiva de la economía nacional, en la que se espera una inversión asombrosa de 4.700 billones de wones (aproximadamente 3,5 billones de dólares) tanto del sector público como del privado. Es una estrategia a largo plazo para rediseñar el mapa industrial del país y así responder a la megatendencia de la IA.

Muchos intentan encontrar la competitividad de Corea únicamente en la industria de semiconductores. Por supuesto, los semiconductores son la base fundamental de la era de la IA. Sin embargo, la verdadera esencia de la competitividad de Corea no reside en un solo producto. Corea continúa invirtiendo en investigación y desarrollo (I+D) de primer nivel mundial, al tiempo que posee una base de fabricación global completa en sectores como semiconductores, automoción, construcción naval, defensa y productos químicos.

Sobre esta base, se establece un círculo virtuoso donde la tecnología del laboratorio se conecta directamente con la planta de producción, lo que a su vez genera competitividad en el mercado global. La IA nunca puede existir de forma aislada. La competitividad nacional solo se manifiesta plenamente cuando se integra orgánicamente con numerosas industrias ya existentes, como la de semiconductores, centros de datos, conducción autónoma y fábricas inteligentes. Precisamente por eso, Corea aborda las industrias del futuro no como tecnologías individuales, sino como un único «ecosistema masivo».

Preguntas gubernamentales que atraen inversión: un cambio de paradigma
Al observar la reciente estrategia industrial de Corea, lo que más me impresionó no fue la magnitud astronómica de la inversión mencionada anteriormente, sino el cambio de paradigma en las preguntas que el gobierno plantea a las empresas. El gobierno coreano no les pregunta primero: “¿Cuánto invertirán y cuántos empleos crearán?”, sino:
“¿Qué debe preparar el Estado para que las empresas puedan realizar inversiones audaces a largo plazo con confianza?”

Esta pregunta constituye el punto de partida de la política industrial de Corea. El gobierno sienta las bases con antelación para las redes de electricidad, agua industrial, carreteras y logística que las empresas necesitan, simplifica los complejos trámites administrativos e incluso considera el desarrollo de talento especializado en colaboración con las universidades. El Estado no intenta controlar ni intervenir en el sector privado. Esto se debe a que considera que su función es crear el entorno más fiable y predecible, permitiendo al sector privado invertir con audacia y asumir riesgos a largo plazo.

El capital no tiene nacionalidad. El capital se mueve estrictamente en busca de rentabilidad, estabilidad y, sobre todo, previsibilidad. Este es el principio fundamental de la economía de mercado. Por el contrario, si las regulaciones son excesivamente complejas, los procedimientos administrativos opacos y las políticas vacilan con cada cambio de administración, el capital no se moverá, por mucho que se profieran eslóganes para atraer inversiones. Lo que impulsa la inversión no es la retórica llamativa, sino la coherencia y la confianza que el gobierno demuestra con sus acciones.

Completando la visión nacional: el papel proactivo de los gobiernos regionales
Otro eje clave que cabe destacar es que esta estrategia nacional no es propiedad exclusiva del gobierno central. Corea no está concentrando las industrias del futuro únicamente en la región de la capital; en su lugar, se está expandiendo hacia un ecosistema industrial a nivel nacional, aprovechando las características únicas, los climas y las ventajas geográficas de cada región. Esto implica establecer complejos de semiconductores de alta tecnología en áreas con abundante suministro de agua y electricidad, y futuros centros energéticos en regiones con alto potencial de energías renovables.

En este contexto, el papel de los gobiernos locales es decisivo. Los gobiernos locales coreanos no esperan pasivamente a que el gobierno central les asigne directrices o presupuestos. Revisan proactivamente los emplazamientos industriales con antelación para que las empresas puedan instalar fábricas en cualquier momento, elaboran de forma independiente planes para el suministro de electricidad y agua y forman de manera preventiva al personal cualificado necesario en colaboración con las universidades locales.

Además, diseñan meticulosamente las condiciones de vida -incluidas la educación, la vivienda y la cultura- para facilitar el asentamiento de emprendedores y trabajadores.
Un aspecto que lamenté durante mi trabajo en varios países latinoamericanos fue la actitud de algunos gobiernos locales que atribuían la causa de todos los problemas a la falta de apoyo del gobierno central o culpaban únicamente a las limitaciones de su autoridad. Sin embargo, existen numerosas áreas donde los gobiernos locales pueden tomar la iniciativa, como la mejora de los procedimientos de concesión de licencias, el fomento del talento y el establecimiento de infraestructura básica. La competitividad regional comienza, en última instancia, solo cuando la propia región crea un entorno atractivo que impulse la inversión. Los gobiernos locales coreanos no se limitan a esperar a que lleguen las empresas; por el contrario, compiten ferozmente entre sí para crear un entorno que las incite a buscarlas.

Sugerencias para el futuro de Colombia y Latinoamérica

Quisiera aclarar un punto. No sugiero que el modelo de política industrial de Corea se aplique a Colombia o a los países latinoamericanos como una copia directa. Cada país tiene una historia, sistemas políticos y estructuras económicas diferentes, y posee recursos y bases industriales muy distintas. Imitar un modelo de desarrollo sin más no es realista ni deseable.

Sin embargo, no existen fronteras en cuanto a los principios y actitudes que una nación debe adoptar para prepararse para el futuro. La revolución de la IA avanza a un ritmo más rápido que cualquier revolución tecnológica anterior y se desarrolla en tiempo real. La brecha entre los países que se preparan ahora y los que no se ampliará de forma incontrolable en el futuro. La infraestructura en la era de la IA va más allá de simples carreteras y puertos visibles, abarcando leyes e instituciones estables, servicios administrativos ágiles y transparentes, y la confianza social que impregna todo el sistema.

Tras más de 30 años como diplomático, he sido testigo del inmenso potencial de Colombia y Latinoamérica más que nadie. Colombia cuenta con inestimables ventajas, tales como una fuerza laboral joven, una creciente industria de servicios digitales y una ubicación geopolítica única, con acceso tanto al océano Pacífico como al mar Caribe, posicionándose como un puente natural hacia el mercado norteamericano y el resto de Sudamérica. De cara al futuro, si la IA, la tecnología digital, las energías renovables y la manufactura de alta tecnología se integran orgánicamente con estas ventajas, Latinoamérica podrá dar un salto cualitativo y convertirse en un nuevo actor principal en la economía global.

El punto de partida para este salto no reside en la suerte de seleccionar industrias de alta tecnología específicas, sino en la creación de un entorno donde las empresas y los inversionistas puedan confiar en el futuro e invertir su capital. Es fundamental que se forme un engranaje de confianza: el gobierno crea un entorno propicio para la inversión, las empresas invierten en el futuro, el parlamento brinda apoyo institucional y los gobiernos locales fortalecen la competitividad regional.

El futuro no pertenece a una nación que simplemente espera a que pase el tiempo. Pertenece a una nación preparada que anticipa el cambio, innova y genera confianza. Espero sinceramente que el desafío de Corea sirva como una valiosa guía para el futuro de Colombia y los países latinoamericanos.

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Inteligencia artificial - Competitividad - Desarrollo - Talento humano