Analistas

¿A cuál ministro le toca más duro?

Paula García García

Momento para el corte de cuentas. Momento para recordar -ya que a menudo nos comportamos como seres de corta memoria- qué salió bien, qué no tanto, qué se quedó paralizado y cuáles fueron los avances y retrocesos durante los últimos cuatro años. A medida que se conforma el gabinete ministerial del próximo Gobierno surgen cientos de preguntas alrededor de las promesas que podrán sacar adelante quienes, críticos, pero entusiastas, llegan a hacerse cargo de lo que una administración de visión diametralmente opuesta, al terminar su turbulento periodo, les entrega.

Entre el cantado desbarajuste fiscal, el que parece un inminente riesgo de apagón, la necesidad urgente de armonizar desarrollo económico y protección del medio ambiente, una deuda hospitalaria que ronda los $25,7 billones, las precipitadas prevenciones alrededor del rumbo de la cartera de Educación y el deseo expreso de cambiar la relación con los partidos tradicionales que hacen presencia en el Congreso, resulta casi imposible asegurar quién tendrá los retos más complejos. No sé ustedes, pero yo me abstengo de hacer apuestas.

En primera instancia, se podría pensar que el ministro de Hacienda es el que carga con las mayores presiones. Y, si bien, con la tarea de reperfilar la deuda externa, adelgazar el Estado y evitar, por ahora, darse la pela de una nueva reforma tributaria, mucho orden se empezaría a dar a la casa, no es el único que tiene en sus manos una agenda prioritaria.

También hay que tener presente el “posible colapso operativo en la atención en salud” que el propio vicepresidente Restrepo advierte y que, como una bomba de tiempo, permanece latente. Para escenarios problemáticos con enorme impacto social, a los que hay que sumarles los pendientes para el Ministerio de Defensa: 5.000 nuevos miembros sumaron los grupos armados a diciembre de 2025, en un claro efecto rebote de la permisiva Paz Total.

“¡Que son los mismos con las mismas!”, “¡que en dónde quedaron los nunca, si están nombrando a los de siempre!”, refutan las masas en las redes. Puede ser. Hasta el momento, en la foto aparecen viejos conocidos de la política en Colombia. Sin embargo, hay que reconocer que se trata de perfiles con experiencia en el funcionamiento de lo público y el diagnóstico que tenemos en frente exige experiencia. Ya supo el país lo que significa improvisar hasta terminar por delegar enormes responsabilidades a perfiles fabricados con títulos falsos. Ahora se trata de tener un verdadero líder que sume a esa capacidad el genuino deseo de guiar a sus cabezas. Esperemos que el presidente De La Espriella de la misma manera lo conciba y, en coherencia, ejerza.

A decir verdad, todos los frentes requieren acciones inmediatas y, en medio de la apretada expresión ciudadana que quedó plasmada en el voto, tanto partidarios como detractores tendrán poca paciencia. Estos últimos, sobre todo, estarán atentos a la mínima falencia para buscar romper el encanto de la prometida patria milagro. En efecto, ya comenzaron con un peligroso llamado a la desobediencia civil que hay que rechazar de tajo. Y no por ideología, sino por deber democrático.

Por lo pronto, me atrevería a señalar que “ni aun se sabe”, como diríamos los colombianos, a qué cartera le corresponderá el camino más pedregoso.

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