Con ganas, pero sin plata
martes, 1 de septiembre de 2026
Paula García García
Suena técnico y lejano. Sin embargo, a todos nos debería preocupar el diagnóstico en materia fiscal que por cuenta de la presentación del Presupuesto General de la Nación quedó al desnudo para un cuatrienio que apenas comienza. Si bien, el gobierno De la Espriella tiene ganas y es el propio jefe de Estado quien pone la pauta con su presencia en cuanto lugar lo amerita y su diligencia en la toma de decisiones; con la olla raspada va a resultar complejo, por no decir, complejísimo, hacer coincidir la voluntad política -que hace mucho no se veía-, con la plata que se requiere.
Lejos de ser una sorpresa, el estado de las cuentas se había advertido e infinidad de veces se pidió a los antecesores dejar la gastadera. Ahora, por cuenta de los oídos sordos, la actual administración tendrá que ser creativa y osada, incluso, para sacar adelante una agenda de necesario revolcón, que no contaba entre sus planes con que la tierra, a la par, se sublevara. Por fortuna, de ser creativo y osado puede presumir el nuevo mandatario. Hace parte de su carácter y su estilo gerencial. La pregunta es: ¿será suficiente?
Deuda, deuda y más deuda vendrá de manera irremediable para Colombia mientras labor difícil encontrará el gobernante en lograr que, antes de dilapidarla, buena parte de la población entienda que se trata de una nefasta herencia. La oposición se activará y hará lo suyo para convertir el espinoso escenario en debate nacional con el único objetivo de sacar réditos políticos. Ya lo vivió el expresidente Duque, que tuvo que lidiar con unos adversarios de increíble capacidad retórica. Como si fuera poco, una reforma tributaria llegará por más que la quieran aplazar -gesto que se abona-, aunque en el fondo sepamos que, tarde o temprano, entrará a formar parte de la fórmula de financiación a pesar de su impopularidad.
Positiva, eso sí, es la anunciada reducción del gasto público alrededor del cual, sobra decir, se trata de una gustosa tijera que, ojalá, esta vez, de verdad ponga fin a la enquistada burocracia que desangra y con altivez, cual si no fuera con ella, observa desentendida. Hay que esperar, en la práctica, qué tanto abarca ese recorte cuando la meta, en el marco de la estrategia de descentralización, es operar desde varias sedes alternas -idea que en lo personal celebro-, no obstante, cuesta. “Todo el mundo va a tener que poner una parte del sacrificio”, aseguraba hace un par de días el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, frente al apretón del cinturón estatal. Aun así, la frase parece premonitoria de cara a lo extensiva que, en el corto plazo, se vería obligada a ser. Y es que, el inaplazable fin de la paz total supondrá un recrudecimiento de la violencia y por ende una costosa arremetida de las fuerzas militares para contrarrestar la ofensiva. El valor real de la reconstrucción por el terremoto promete superar la cifra base de $30 billones y el alistamiento para un fenómeno de El Niño que augura ser inclemente exige preparar una bolsa de reservas. Esto, por mencionar solo algunos de los retadores frentes de atención inmediata. Así las cosas, la estabilización de las finanzas dependerá de la continuidad de los gobiernos venideros. Del manejo responsable de lo público y el compromiso (o altura) para entender que gobernar no significa carta abierta para despilfarrar. Cuatro años serán insuficientes y se requerirá, por tanto, una seguidilla de liderazgos que, ante todo, tengan ganas.