Analistas 27/07/2021

El valor de poder elegir

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Por cuenta del estallido social que sacude a Cuba, un debate, de esos que suelen cobrar vida en las esferas de Twitter, se ha ido calentando. La discusión pretende definir si, por el hecho de celebrar elecciones, la isla de los Castro clasifica como democracia. Una disputa tuitera, plagada de argumentos y contraargumentos, que resulta atractiva trasladar al escenario local. Ante una campaña presidencial, que ya enciende motores, oportuno es recordar que en Colombia, por fortuna, tenemos la posibilidad de elegir.

Para empezar, hay que dejar claro que el cubano es un sistema político de partido único y que, un proceso electoral, per se, no hace a un Estado democrático. Ahora bien, de las garantías, la pluralidad y las libertades que lo enmarcan sí depende, en buena parte, la calidad con la que se lleva, del papel a la práctica, el ejercicio de la democracia. Un asunto que para nada es menor.

Mientras algunos de nuestros vecinos intentan, cada vez con menos éxito, disfrazar sus dictaduras y, a nivel interno, el afán de desprestigio sigue latente, valorar el escenario presente es una tarea que deberíamos elevar a la categoría de los urgentes. En mora estamos los colombianos de darnos cuenta del privilegio que tenemos entre manos. Una lista de precandidatos que ya supera los cuarenta, con ideologías diversas, que exponen en voz alta y sin vetos sus planteamientos, no tiene precio. ¿Qué estamos ante una crisis de partidos y por eso son tantos? Es posible, pero bienvenido sea el respeto por el libre albedrío.

Lo que retrata la foto del momento es diciente: un abanico de propuestas que pueden llegar a ser tan parecidas como opuestas. Que van desde lo sensato y aterrizado hasta lo arriesgado y descabellado. Propuestas que, además, nos permiten entender lo mucho que cambió el país en casi 4 años. A diferencia de lo que ocurrió en la anterior contienda, en esta ocasión, las preocupaciones ciudadanas van mucho más allá del futuro del proceso de paz y, sin tapujos, de eso y más, se puede hablar.

Ni en sueños sucedería algo similar en un régimen autoritario como el que ostenta Cuba o, para no ir más lejos, como el que también tiene Nicaragua. Los centroamericanos, de forma descarada, han ido recrudeciendo sus métodos. Basta con mirar la suerte de quienes aspiraban a suceder a Daniel Ortega en el cargo para entender el modus operandi de los gobiernos opresores. Frente a la mirada atónita de la comunidad internacional y los pataleos sin efecto de los organismos defensores de derechos humanos, hoy, todos sus contrincantes están presos.

Que la abundancia de perfiles e ideas prevalezca en Colombia. Que siempre estén disponibles los micrófonos, las redes sociales y la plaza pública. Que sobren candidatos. Que no falten nunca.

Al cierre, unos cuantos datos: en el índice de democracia que cada año elabora The Economist, entre 167 países, Colombia se sitúa en el puesto 46 en la categoría de democracia imperfecta. Sin embargo, logra un notable puntaje de 9.17 sobre 10 en el indicador que mide el proceso electoral y pluralismo de los Estados. Cuba, entre tanto, rezagada al lugar 140, obtiene 0.00 en la misma asignatura y, Nicaragua, que terminó entrando en este baile, desde la casilla 120, se queda con un deshonroso 0.42. Con resultados que ni siquiera les dan para pasar raspando, se rajan en este y en los otros aspectos que evalúa el informe.

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