Análisis 15/09/2026

La política, ¿enseña?

Paula García García
Conductora Red+Noticias

La vida es un constante aprendizaje. Incluso, aquello que calificamos como desgracia, al final, enseña. Tal parece apuesta el universo por aterrizarnos, cada tanto, cuando aflora el exceso de insolencia. Sabio patrón al que no escapa la política y del que suelen ser sus pupilos, al igual que varios de sus aspirantes fallidos, apetecidos protagonistas.

Pensar en Juliana Guerrero recitando un guion atafagado de ofrecimientos de perdón, frases de arrepentimiento y odas a las segundas oportunidades, o toparse con la foto de los otrora “archirrivales” Gustavo Petro y Claudia López abrazados delante de un colorido cuadro, obligan a activar el pensamiento crítico.

¿Es acaso el quehacer político sinónimo de ausencia de vergüenza? Sobra la respuesta cuando por sí solos son los hechos los que hablan. Mentir en una hoja de vida para inflarla es, además de un delito, una forma de corrupción; en tanto, desmedido apetito por el poder desnudan quienes hacen gala de su capacidad de acomodarse, al mejor estilo de las veletas.

De nuevo, la realidad nos muestra lo que ocurre cuando el interés personal es el que aconseja. ¿Qué importa la ética?

El desdén del ejercicio público avanza a tal velocidad que ha logrado convertir la indignación colectiva en una especie de resignación sin cabida para la sorpresa. Tan claro tiene hoy la ciudadanía que todo es posible como que no ha visto suficiente mientras, nuestra política, por estos días, un muy trastocado decálogo deja:

1. Que a la justicia siempre se le puede hacer el quite.
2. Que a un escándalo lo tapa otro y que las masas con prontitud olvidan.
3. Que resulta, entonces, el mejor de los negocios bajar dos minutos la cabeza y fingir ánimo de reflexión profunda. De fondo, el chiste se cuenta solo. Tres años -excarcelables-, como monto de condena.
4. Que tiene la política una capacidad magistral para resignificar conceptos. Entre ellos, el de la coherencia.
5. Que las ideologías dejaron de deberse a principios y que las llamadas líneas rojas solo existen en las mentes utópicas.
6. Que en nombre de las alianzas se canibalizan los valores, que está bien tener precio y que no hay por qué honrar la palabra dicha.
7. Que las diferencias irreconciliables hacen parte del show y son solo eso, show. Nada más rentable que las audiencias apasionadas.
8. Que lo importante no es ser sino parecer.
9. Que no todo se paga en la vida.
10. Que negociar es un arte, en el que todo vale.

P.D.: el orden de los factores no altera el producto.

Resulta fácil lavarse las manos bajo la premisa de que son otros y no nosotros los que de descaro se regodean. Sin embargo, somos el reflejo de quienes nos gobiernan. Nada tiene de casual, por ello, que de “fueques” estén llenas las que deberían ser responsabilidades asumidas.

Tendría que ser, la política y sus políticos, ejemplo andante de congruencia. No obstante, se ha convertido, el seductor ecosistema, en un festín de compinchería y complacencia. De cada situación, aprendizajes quedan. Ahora bien, ¿son los que se esperan? He ahí el problema.

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Juliana Guerrero - Política