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Preguntas alrededor de las “narco-denuncias”

Paula García García

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De fotografías abrazadas a delaciones de alto calado. Así termina la que empezó como una amistad que parecía entrañable. Eva Ferrer, la mujer que construyó la imagen pública de Verónica Alcocer durante la campaña presidencial de Gustavo Petro, hoy la gradúa de peor enemiga. ¿Qué pasó? Esta es la pregunta madre de la que se desprenden cientos de interrogantes alrededor de las graves, gravísimas denuncias que aquella catalana, que irrumpió de la nada en la política colombiana, decide sacar a la luz cuatro años después de haber hecho parte de un gobierno plagado de escándalos, rumores, ausencias, traiciones y más de un agujero negro que sigue sin respuesta.

¿Por qué Eva Ferrer se anima a hablar hasta ahora?, ¿si no se hubiese distanciado de la exprimera dama, habría denunciado?, ¿por qué eligió el camino mediático en lugar de acudir, como corresponde, ante la justicia?, ¿es consciente la señora Ferrer de que su versión exige presentar pruebas y de que podría haber incurrido en omisión de denuncia? Ahora bien, el entramado expuesto es tan delicado que el papel de la española termina por ser lo menos relevante en el que, de comprobarse, sería el peor episodio de la historia reciente en un país acostumbrado a convivir de desvergüenza en desvergüenza. Más aún, se trataría del más osado de los intentos por convertir a Colombia en un narcoestado.

Y es a partir de dicha preocupación que comienzan, entonces, las incógnitas que en verdad importan: ¿qué impacto tendría lo revelado para el expresidente Petro, incluido en la lista Ofac?, ¿en qué consistía el papel del “poli bueno”?, ¿el presunto tráfico de armas, sumado al de drogas, guardaba alguna relación con el mentado “pacto de La Picota”?, ¿cuál era la real pretensión detrás de la supuesta red criminal, más allá de abarrotar de dinero sus bolsillos?, ¿fueron engañados los oficiales de la Fuerza Aérea a cargo del vuelo del 31 de enero de 2023? Y Armando Benedetti, para la época embajador en Caracas, ¿sabía lo que ocurría? La lista de interrogantes podría ser infinita.

Desde el proceso 8.000, en los años 90, con Ernesto Samper a la cabeza, no se tenía conocimiento de tanta bajeza en los que se supone que deben ser los cargos de mayor dignidad. Sin embargo, con renovadas dinámicas, en este caso la ecuación aparentemente se repetiría: el narcotráfico, tentación inevitable para quienes se alimentan de ambición desmedida. Tanta retórica sobre la igualdad, la ayuda a los pobres y los peligros de la codicia mientras, de puertas para adentro, lo de menos era gobernar. ¡El poder por el poder! Así de sencillo.

Todo tendrá que probarse, por supuesto, y el rol de la Fiscalía, en cabeza de la fiscal general, Luz Adriana Camargo, será crucial para desentrañar la que, de acuerdo con el relato de la principal testigo de lo sucedido, sería una estructura criminal de alcance transnacional con una “jefe de la banda” -según palabras de la propia Ferrer- que carece de fuero.

Por lo pronto, caben un par de inquietudes adicionales: ¿regresará de Suecia Verónica Alcocer? La respuesta es obvia. ¿Caerá, esta vez, el peso de la ley sobre los verdaderos responsables? Conociendo los antecedentes en Colombia de los procesos que involucran a personajes catalogados como “poderosos”, se trata de una pregunta que es mejor dejar abierta.

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