Analistas 17/07/2026

Un mejor espejo de Colombia

Piedad Urdinola
Directora del Dane

Colombia tiene hoy un mejor espejo para mirarse: el Dane que entregamos tras cuatro años de trabajo. No es una afirmación menor, porque dejamos un espejo fiel a la evidencia, que muestra la realidad con rigor, sin deformarla ni acomodarla, y con un marco lo suficientemente amplio como para que el país se vea realmente reflejado, completo, se reconozca y el Estado pueda tomar mejores decisiones.

Desde 1953, el país se ha mirado y medido en el Dane, y ampliar su producción estadística fue el empeño de esta administración, de cuyos resultados me siento orgullosa, no por lo que hice, sino por con quién lo hicimos: un equipo técnico y humano que recorrió territorios, escuchó comunidades, procesó millones de datos y transformó esa información en evidencia.

Un espejo fiel no adula a quien se mira, simplemente muestra, y esa fidelidad en las cifras se llama independencia técnica. Protegerla fue la primera tarea de esta gestión y su garantía quedó escrita en la Ley 2335 de 2023, el avance normativo más importante en décadas para nuestras estadísticas oficiales, tras años de anhelos frustrados de diferentes directores y en cumplimiento de un compromiso con la Ocde para el país.

Otro legado es que el espejo ganó mayor nitidez al volverse más incluyente: aparecieron las miles de mujeres que cuidan sin recibir salario y, con ellas, los nacimientos que durante décadas han recibido las parteras en todo el territorio nacional; la vida en los pueblos de la Amazonía; los wayúu de La Guajira con su propio sistema de información; los vendedores de calle y los negocios de los pueblos étnico-raciales que el país no había contado; y quedaron listos los diseños para que pronto sean visibles las víctimas de violencias de género y la población sexualmente diversa.

Son las Colombias que vivían entre la presencia cotidiana y la ausencia estadística, y que hoy están siendo contadas, reconocidas e incorporadas para visibilizar y comprender el país.
Ampliar este marco implicó cerrar un rezago tecnológico de veinte años para llevar la medición adonde nunca había llegado.

Así, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo entró por primera vez a la Amazonía y la Orinoquía: 24 departamentos ya saben cuánto trabajo no remunerado sostiene sus economías; las estadísticas vitales alcanzaron estándares internacionales; el Registro Multidimensional Wayúu se construyó con las comunidades; Colombia empezó a medir su huella de carbono y su bioeconomía; y lanzamos las primeras Cuentas Nacionales de Inclusión, haciendo del Dane el primer instituto de estadística del mundo en producirlas.

Durante 34 años el país no supo cuántas unidades económicas tenía, dónde estaban y quiénes las dirigían. Hoy, de nuevo, conoce estas cifras gracias al Censo Económico Nacional Urbano. Su cobertura fue superior a 98% y permitió que Colombia volviera a ver el mapa completo de su economía urbana, con enfoque de género, pertenencia étnico-racial e incluyendo la economía popular que nunca se había dimensionado.

El reto ahora es mantener ese espejo actualizado. La Ley 2335 ordena al Dane repetir cada diez años este censo y realizar otros tres a su cargo: Población y Vivienda, Agropecuario y Minero. Cumplir ese ciclo censal es un compromiso fundamental para el nuevo gobierno, así como actualizar los marcos muestrales de las encuestas económicas, agropecuarias, sociales y ambientales con cada uno de estos censos.

Lo cierto es que hoy Colombia puede verse con mayor claridad, reconocer realidades que permanecieron fuera del reflejo y tomar decisiones con mejor evidencia. Ese es el Dane que dejamos: un Dane más técnico.

TEMAS


Dane - Orinoquia