Bipolaridad en las empresas

Pilar Ibáñez

Oímos con frecuencia que la gente dice, “Yo soy una persona en el trabajo y otra en la casa”, frase que resulta interesante por dos razones, la primera: pareciera que todo el mundo se hubiese convertido en un ser bipolar y, segundo, demuestra que las personas tienen la percepción según la cual el trabajo y el hogar son lugares en los que se debe actuar de forma diferente.

A pesar de ello, los problemas personales que tienen en su vida personal son llevados al trabajo y viceversa, no son dos seres ni dos personas ni dos formas de actuar: se trata de una sola, eso sí, con una percepción extraña de sí misma.

Ahora bien, una persona que trabaja con estas condiciones el nivel de compromiso o engagement (vínculo o deseo de permanecer en la organización) es bajo; si las personas van a trabajar sin sentido, aludiendo a la frase me “Toca”, porque es necesario pagar las deudas o, simplemente, se encuentran trabajando en su puesto de trabajo pero no aman lo que hacen y las labores se realizan sin compromiso y mucho menos, amor, se verán comprometidas. Además, la eficiencia, la proactividad y el deseo de innovar procesos para ser más eficientes, y por ende la productividad.

Entonces, se debe renovar o remodelar ese viejo paradigma en el que hay que trabajar porque “Toca” pagar deudas, porque se debe sobrevivir, para que esa persona no sea diferente en su hogar y en el lugar de trabajo, sino por el contrario, pueda ser feliz en ambas partes.

Cuando se piensa en que las personas sienten esa dualidad es como si todos los días se enfrentasen a un campo de batalla en el que simplemente deben cuidar el puesto de trabajo, y ello hace que no haya confianza ni trabajo en equipo, lo cual incide directamente sobre la productividad del individuo y, lógicamente, de la empresa.

Así, la empresa debería estar interesada en crear un clima laboral que permita a las personas desarrollar sus habilidades, su potencial, su bienestar, su crecimiento como personas íntegras.

Para ello, una recomendación: trabajar el ser. A la empresa se le olvidó que trabaja con gente, con seres humanos que tiene miedos, motivadores, creencias etc. En algún momento de la historia creyó que eran máquinas y así empezó un trato absolutamente irreal, porque la gente seguirá siendo gente sin importar el trato. Trabajar el ser, es recordar que la gestión de las emociones es vital para que el liderazgo en una empresa sea efectivo, para que haya trabajo en equipo, para que haya comunicación, lo que tiene por consecuencia la productividad.

¿Qué es el ser? Lo primero es entender que todos quieren ser alguien en la vida y, con frecuencia, se cree que la forma de lograrlo es a través del dinero o de la fama y es allí en donde la mayoría queda perdida.

Para evitar esta confusión se debe partir del hecho que no se tiene que venir al mundo a ser alguien en la vida, pues todos ya somos alguien desde que nacemos, con habilidades y cualidades específicas, alguien que vino al mundo a tener experiencias y aprendizajes.

Para descubrir qué tipo de gente existe en la empresa, es vital rediseñar la hoja de vida, es decir, pedir a todos los trabajadores y colaboradores que elaboren una hoja de vida del ser, que describan quiénes son en esencia, sin poner el rol, dónde trabajan, su experiencia laboral, familia, etc.

Invito a todos a elaborar su hoja de vida del ser, y así descubrir realmente el tipo de gente que hace parte de su empresa, la cual, al final, es una segunda familia.

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