Analistas 24/03/2026

El costo invisible de la falta de propósito en las empresas

Pilar Ibáñez
Psicóloga organizacional y conferencista

En muchas organizaciones, los conflictos no nacen por decisiones estratégicas ni por diferencias técnicas. Nacen por algo mucho más silencioso y, para mí, lo más peligroso: la falta de propósito.
Cuando las personas dejan de encontrar sentido en lo que hacen, el trabajo deja de ser un proyecto compartido y se convierte en un campo de tensiones; algunos dirían, en una trinchera. Las discusiones aumentan, los egos se activan y los conflictos se vuelven personales. Lo que parece un problema de clima laboral es, en realidad, un problema de significado.

Aquí van algunos datos que deberían preocupar a cualquier CEO. El compromiso laboral global cayó a 21%, uno de los niveles más bajos registrados en los últimos años. Esto significa que casi 8 de cada 10 personas trabajan sin conexión emocional con lo que hacen. Y esto no es solo un problema humano: es un problema económico. Según análisis citados por estudios de McKinsey y Gallup, esta desconexión puede generar pérdidas de hasta 15% del tiempo laboral, lo que equivale a cerca de 37 días de trabajo al año por empleado.

Cuando no hay propósito, aparece el conflicto. Esto se observa en las relaciones de pareja y también en las organizaciones. Desde la psicología organizacional, el conflicto laboral se define como un choque de intereses, valores o percepciones. Pero lo que muchas empresas no ven es que, cuando no existe un propósito claro, las personas buscan validación en lugar de resultados; se intensifica la necesidad de reconocimiento; las diferencias pequeñas se vuelven personales; y el ego reemplaza al objetivo.

En este contexto, las discusiones dejan de ser productivas y se convierten en “peleas sin sentido”. No es casualidad que en América Latina 8 de cada 10 trabajadores no disfruten lo que hacen. Cuando el trabajo no tiene significado, la energía emocional no se canaliza hacia la creación, sino hacia el conflicto.

El fenómeno silencioso: trabajar sin sentido. La falta de propósito también se relaciona con fenómenos como el boreout, un estado de desmotivación profunda causado por la ausencia de tareas significativas. Este síndrome no solo afecta la salud mental, sino que deteriora el clima laboral y las relaciones entre equipos. A esto se suma otro hallazgo clave: los trabajadores valoran tanto el propósito y el trato justo que estarían dispuestos a renunciar a parte de su salario a cambio de mejores condiciones emocionales y de sentido en el trabajo.

La falta de propósito no solo genera conflictos; también produce menor productividad y desempeño; aumento del ausentismo y la rotación; pérdida de talento clave; desgaste en los equipos que permanecen; y costos ocultos asociados a reemplazos y procesos de formación.

Por el contrario, las organizaciones que trabajan activamente el propósito y las fortalezas de sus empleados pueden lograr hasta 29% más de ganancias y 19% más ventas. El verdadero problema no es el conflicto: es la desconexión.

El conflicto, bien gestionado, puede ser una fuente de innovación. El problema aparece cuando las personas dejan de entender para qué hacen lo que hacen. Una pregunta incómoda para las organizaciones: ¿las personas entienden realmente para qué existe su trabajo dentro de la organización?

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