Analistas 12/04/2026

Adictos a la energía

Ramiro Santa
Presidente Sklc Group

Poco a poco, las propuestas de solución a los problemas del país están convocando a personalidades, ciudadanos, empresas, academia e incluso a los burócratas. Sin espejos retrovisores, aparecen iniciativas para recuperar la soberanía alimentaria, la soberanía energética y la soberanía territorial.

Sin duda, el vector más importante para hacer posibles estas soluciones es el músculo financiero. También es claro que, en el caso de muchos países, este músculo proviene del aprovechamiento de los recursos mineros, petroleros y gasíferos, en un mercado cada vez más valorado, más rentable y más demandado, pues constituye la base de la tecnología y de la inteligencia artificial, entre otros desarrollos.

El mundo ya lo tiene claro y existe una creciente conciencia sobre el desarrollo acelerado de las plataformas digitales, que requieren cada vez más energía y más minerales para el funcionamiento de la IA, en particular de los centros de datos.

Una crisis de abastecimiento energético llevaría a la ralentización de toda la industria de alta tecnología. Por eso, empresas como OpenAI y SpaceX, lideradas por Sam Altman y Elon Musk, han explorado alianzas y proyectos que buscan lanzar satélites diseñados para el procesamiento de datos en el espacio, donde la energía solar sería abundante y gratuita. Sin embargo, esa alternativa aún está en ciernes debido a sus elevados costos y a los desafíos de factibilidad técnica.

El sentido de urgencia frente a la crisis energética mundial también ha vuelto a poner en la agenda la energía atómica. La experiencia está demostrada en las 416 centrales nucleares actualmente en funcionamiento, a las que se suman 63 reactores en construcción y 127 mini reactores en proyecto como alternativa para abastecer las necesidades energéticas de la población mundial. Tampoco se puede ignorar que a este crecimiento acelerado se suman la guerra en Oriente Medio, las experiencias no siempre exitosas de algunas fuentes renovables, como la eólica, y el escaso avance en los sistemas de almacenamiento de energía, que aún no muestran progresos significativos, por más que se presenten bajo el color verde de la transición.

Hoy por hoy, tampoco parece alcanzable el objetivo definido en la COP28 de 2023 sobre cambio climático, que aspiraba a triplicar la producción nuclear hasta alcanzar los 1.100 gigavatios antes de 2050. A esto se suma que los proyectos de petróleo y gas, incluidos puertos e infraestructuras, previstos para los próximos 25 años que han sido impactados en la guerra de Iran y Medio Oriente.

Otro de los grandes afectados es, sin duda, el sector de la alta tecnología, que atraviesa un cuello de botella provocado por las limitaciones de la industria energética necesaria para alimentar los centros de datos y ese nuevo ecosistema de consumo intensivo.

En Estados Unidos, empresas como Kairos Power y X-Energy cuentan con el respaldo de gigantes tecnológicos como Amazon y Google. También existen proyectos como el militar Pele/Janus. Sin embargo, los adversarios de la energía nuclear han dificultado la viabilidad de muchos de estos desarrollos.

En Europa se realizan grandes esfuerzos por acelerar los proyectos, aunque las iniciativas más avanzadas se concentran en el Reino Unido, donde X-Energy, en alianza con Last Energy y TerraPower, trabaja en el suministro energético para complejos industriales y urbanos mediante 12 AMR (Advanced Modular Reactors). Por su parte, EDF, en Francia, ha decidido desarrollar varios SMR destinados exclusivamente a alimentar centros de datos.

Mientras tanto, China es el único que cuenta actualmente con minirreactores en construcción o en operación experimental a escala mundial.

En Colombia existe un reactor de investigación (IAN-R1) desde 1965, operado por el Servicio Geológico Colombiano. Aunque la matriz energética del país es limpia (60 %) gracias a las hidroeléctricas y otras fuentes marginales, es importante que, después de pagar la deuda a los generadores, recuperar la industria del petróleo y el gas y fortalecer la minería, se allanen nuevos caminos para alcanzar las soberanías mencionadas, atraer inversiones y obtener los recursos necesarios para volver a financiar salud, empleo, seguridad, pensiones e incluso insumos agroquímicos derivados del petróleo.

La historia económica es simple: las naciones que dominan la energía dominan su destino y las que desprecian sus recursos, lo delegan.

Ramiro Santa

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