Analistas 01/03/2026

El resorte en carnaval

Ramiro Santa
Presidente Sklc Group

La cultura siempre ha sido una buena válvula para aliviar presión y tensiones, desde el teatro romano, los cantares de las batallas medievales, hasta las canciones de John Lennon (Imagine), Serrat (Fiesta), Piero, Leon Gieco (Que la guerra no nos sea indiferente), Pablus Gallinasus (una flor para mascar) hasta los grafitis en los bienes públicos, que cuando no son vandalismo son la expresión de rebeldía de los jóvenes.

Cada época trae sus paradigmas en crisis y últimamente berrinches de ideologías importadas que traen exigencias y pretensiones para tratos preferenciales por lo que paso, o no paso, en otros siglos, con otras realidades y narrativas mal contadas pero bien instrumentadas para generar odio e indignación en las personas y que bien sirven a la lógica de la violencia y la polarización.

Si bien es cierto que vivimos en la virtuosa democracia representativa de la opción de la inclusión de creencias, géneros, razas, intereses y hasta gustos, por la falta de preparación de los elegidos o por el miedo a los violentos o por los torcidos intereses de los que están en la cadena de la política, que va de la mano de la corrupción, los electores sienten una crisis de representación que desalienta a ejercer el derecho y el deber del voto.

En el siglo XXI gracias a la multiplicación de las redes de comunicación, ahora accesibles a través de la virtualidad las expresiones culturales: cine, música, pintura, literatura y el teatro se volvieron accesible y populares en beneficio de artistas, consumidores y empresarios. Son tan poderosas las redes que los números de “visitas” a documéntales y películas que enseñan lo horrores de las guerras, de las dictaduras, de las economías ilegales, pero también de las obras de arte que denunciaron, de las obras literarias y de las canciones que pese a los años aun están vigentes, se escuchan y se cantan.

Lo impensable y novedoso ahora son los fenómenos donde se mezcla lo cultural con lo deportivo tal como recientemente sucedió en la final del futbol americano (Super Bowl) donde fue invitado por los organizadores y participó con su show musical el rapero puertorriqueño Bad Bunny. Fue el espectáculo que rompió todos los récords de visualizaciones y que se interpretó como la reivindicación de lo “latino” cantando en castellano y reconociendo el fenómeno positivo de la migración frente a las acciones de control y repatriación de ilegales por parte de las autoridades estadounidenses.

Lo que también es cierto es que: Las expresiones culturales no son siempre son efectivas para encontrar soluciones a los problemas y mucho menos para mejorar la representación o encontrar la interlocución en los gobiernos. Adicionalmente quienes tienen educación, saben de cultura o conocen y comparten la ética del trabajo nunca se prestarían para desmanes ni agresiones contra personas ni para dañar bienes públicos o privados. Esa condición no son del interés de las líneas de los que gastan ingentes sumas de dinero pagando a los violentos.

Pensar que la salida de los estudiantes y jóvenes después de pandemia, (estallido social) era para quejarse o tumbar el gobierno es ingenuo pues claramente fue una expresión de libertad, fiesta, reencuentro después de meses se encierro y en muchos casos de hacinamiento, miedo, soledad, enfermedad, incertidumbre, mala convivencia y hasta violencia, es ingenuo. Lo que sí evidenciamos en las universidades fue el disparo de un resorte donde los jóvenes desbocados salieron a celebrar la libertad, la vida el desencierro en un carnaval de amor y libertad. Solo en países y ciudades con presencia de intereses políticos, con tulas de dinero, expusieron la juventud a actos violentos con narrativas de odio, el resto de celebraciones fueron carnavales de optimismo y esperanza.

Volvamos a instrumentalizar las inconformidades y el desacuerdo a través del arte, del buen debate, de la democracia (votando) para seguir construyendo una cultura que cuida, construye y que actúa en hacer el bien.

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