Analistas 13/09/2026

Los que dejaron de esperar

Ramiro Santa
Presidente Sklc Group

El evento telúrico, además de unir a un país totalmente polarizado, está demostrando que, cuando las cosas se complican, las soluciones no siempre vienen de los centros de poder. En estos días se ven y se sienten nuevos liderazgos en los territorios, personas que conocen sus comunidades, sus necesidades y sus posibilidades.

Personas capaces de dejar a un lado la costumbre asistencialista de esperar instrucciones, recursos o soluciones desde la capital y asumir que las soluciones y las buenas ideas también son responsabilidad de quienes viven en cada región.

La primera fase de esta emergencia apenas comienza: hay que atender a las víctimas, conocer los daños, garantizar la supervivencia, remover escombros y recuperar las condiciones mínimas para que la vida continúe. Ha sido ejemplar ver al nuevo gobierno nacional en el territorio, interactuando con líderes locales y regionales, empresarios grandes, medianos y pequeños, voluntarios e instituciones de cooperación nacional e internacional.

La experiencia y las lecciones aprendidas de tragedias anteriores, como Popayán, el Nevado del Ruiz y el río Páez, así como las normas, los protocolos y el conocimiento técnico, están a la orden del día.

Sin embargo, el país está apenas en la fase inicial, pues nos espera la reconstrucción de viviendas, de empleos, de vías, y con sentido de urgencia, de las economías locales y la educación más allá de la infraestructura. Solo así se logrará reconstruir la esperanza y la confianza.

Hace unos días, varios líderes de la región afectada recordaban el caso de Singapur, un país que en unas pocas décadas pasó de niveles de pobreza a convertirse en una de las economías más prósperas del planeta. Su transformación no fue producto de un golpe de suerte. Fue el resultado de un ejercicio para acordar una visión, desarrollar infraestructura, fortalecer la educación y la salud, atraer inversión y, especialmente, construir capacidad de gestión.

De esa experiencia se desprendió la idea de convertir la adversidad también en oportunidad, como lo hizo Colombia en diferentes momentos de su historia, y que es parte de una historia regional que demuestra que esas transformaciones también son posibles aquí, en el sur occidente del país.

Desde finales del siglo XIX y principios del XX, el Valle del Cauca tuvo líderes que, con una visión estratégica, desarrollaron la red férrea que conectó la región con Buenaventura. Todo sucedió después de que Colombia perdió a Panamá y luego se abrió el Canal de Panamá. La región invirtió parte de los recursos que recibió de Estados Unidos y se preparó para aprovechar su posición en el Pacífico.

Poco a poco fueron llegando las inversiones extranjeras, la industria y la agroindustria, y con ellas la generación de cientos de pequeñas y medianas empresas. El Valle se convirtió en líder en educación, en deporte, y consolidó una universidad de gran importancia. Se desarrolló un sector de salud de enorme relevancia por sus niveles de investigación y desarrollo. Se construyó infraestructura aeroportuaria y, con la CVC y EMCALI, llegaron a ser referentes en servicios públicos y gestión.

Nada fue generación espontánea. Todos recuerdan una dirigencia regional empresarial que también era cívica, académica y política. Esa dirigencia es la que hoy el país debe rescatar. Y es que el desarrollo no llega del Gobierno central ni tampoco se decreta: se construye con líderes reales y con visión de largo plazo.

En ese orden de ideas, las ecuaciones que debemos resolver antes de iniciar la reconstrucción son: quiénes y cómo gerenciarán la reconstrucción?. Qué se quiere para el futuro de la región? Cómo se garantizará que lo que se haga sea mejor que lo que existía antes y no simplemente un buen remiendo?

El país está conociendo las buenas decisiones y gestión de los gobiernos locales, regionales y nacional. Así mismo está viendo también a líderes ejemplares haciendo lo que se pensaba imposible … mientras algunos políticos critican y están a la espera de que “alguien haga algo”.

Esa va a ser la diferencia en el futuro de esas regiones. Los territorios que progresarán después de la emergencia no serán necesariamente los que más recibieron, sino los que tuvieron la capacidad de convertir este momento en oportunidades y capacidades permanentes.

 

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