Es reconfortante caminar por las calles de ciudades seguras del mundo y aún más emocionante ver niños jugando acompañados de sus padres (la mayoría con los papas), las abuelas haciendo las compras y los señores de edad hablando por teléfono desprevenidamente.
Con el paso de los días y la lectura de entorno, se va afinando la percepción y se nota la presencia de la policía, el número de gente acompañada de sus perros y la cantidad de personas mayores solas. En conversaciones casuales, que son fáciles de entablar y que en la mayoría de veces se convierten en experiencias íntimas y casi literarias, cada encuentro trae historias de su pasado colorido y alegre, luego de sus familias con hijos maravillosos y nietos dulces para terminar en una esperanza infinita en que ese fin de semana sí los van a visitar o los va a incluir en sus planes, pues la mayoría viven solos o en hogares para ancianos.
La evidencia es contundente según un informe reciente de la Organización Mundial de Salud, OMS, advierte que una de cada seis personas en el mundo, (no solo personas mayores), sufre de soledad una condición que se asocia con más de 871.000 muertes al año, cerca de 100 cada hora. Pero el impacto no se limita a la salud mental pues también afecta la economía y el deterioro del capital social de los países.
En lo económico las cifras son elocuentes, en Estados Unidos la soledad genera más de USD $406.000 millones anuales en costos de salud y pérdida de productividad. Los trabajadores que reportan altos niveles de aislamiento son hasta 28 % menos productivos, mientras que el fenómeno también esta impactando la rotación laboral en 20 %.
Los estudios empiezan identificar patrones en las empresas e instituciones donde las personas se sienten aisladas: aumentan el ausentismo, disminuye la colaboración en los equipos y se deteriora la calidad del trabajo. Incluso la satisfacción de los clientes cae, los estudios estiman que la soledad de los empleados puede reducir la calidad de servicio en alrededor del 18%. La ecuación es fácil: menos conexión humana, menos productividad, menos crecimiento.
Lo paradójico es que estamos en la era de la mayor conectividad tecnológica, de las redes sociales, de las plataformas de interacción, del trabajo en casa para que haya mejor calidad de vida pero lo cierto es que la conexión digital nunca sustituirá la conexión presencial humana.
La OMS advierte que el exceso de interacción digital puede debilitar los vínculos reales y ,yo agregaría, desaparecer la afectividad. Hoy hay millones de personas permanentemente conectadas…pero emocionalmente solas, sin motivación y de alto riesgo en salud.
Las personas con aislamiento tienen mayor riesgo de depresión, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y mortalidad prematura. En Europa, la soledad se ha relacionado con pérdidas de 51.000 millones de euros anuales en PIB debido a enfermedades y baja productividad vinculados al aislamiento.
En Seúl casi 40% de los hogares están compuestos por una sola persona, el gobierno lanzó un programa de millones de dólares para combatir la soledad que incluye centros comunitarios, líneas telefónicas de apoyo y espacios de encuentro.
Durante décadas la economía se concentró en tres variables: capital, trabajo y tecnología, sin embargo, cada vez se hace mas importante una cuarta variable: el capital social, es decir, la red de confianza, solidaridad, cooperación y vínculos afectivo entre personas.
La soledad no aparece en los indicadores tradicionales de crecimiento, pero sus efectos aparecen cada vez más en los sistemas de salud, en trabajadores menos productivos, en menos hijos y en padres y abuelos abandonados … en sociedades cada vez más fragmentadas.
Ojalá los estudiosos empiecen a identificar a la silenciosa soledad como una de las grandes crisis sociales del siglo XXI. Porque al final la economía también es profundamente humana pues las personas que necesitan no solo trabajar, sino también amar, abrazar y pertenecer.
Empecemos a liberarnos de esta sombra y salgamos a lo que nos hace feliz: abrazar a nuestros padres, hijos, hermanos y amigos pues seguramente eso es el antídoto para todas las enfermedades, preocupaciones inútiles y hasta polarizaciones políticas.