Analistas 17/06/2026

Cuando el mercado se pone difícil

Ricardo Barreto Jara
Director ejecutivo MBA Inalde Business School

Hay una pregunta que muchos equipos comerciales deberían hacerse con honestidad: ¿sentimos que estamos pasando de un mercado que nos compraba a un mercado en el que ahora tenemos que salir a vender? Y si la respuesta es sí, la siguiente pregunta es todavía más incómoda: ¿tenemos realmente desarrolladas las capacidades para hacerlo bien?

Durante años, en muchos sectores, la demanda ayudó a esconder varias debilidades. Los clientes llegaban, las metas se cumplían y el resultado parecía confirmar que el equipo comercial funcionaba. Pero cuando el mercado se enfría, el cliente demora la decisión, compara más, cuida el presupuesto y exige claridad sobre el valor que recibe, aparece la verdad: no es lo mismo recibir compradores que construir ventas.

Allí se separan los equipos que apenas sobreviven de los que realmente saben crecer. La diferencia no está en presionar más, pedir más reportes o llenar la agenda de reuniones. Está en convertir la presión en método. El líder comercial recibe presión de arriba, pero su tarea no es descargarla sin filtro sobre el equipo. Su tarea es traducirla en foco, prioridades y comportamientos concretos.

Un buen líder no pregunta solamente cuánto se va a vender. Pregunta qué se está haciendo para merecer esa venta. ¿Estamos buscando al cliente correcto? ¿Entendimos su problema real? ¿Llegamos al decisor adecuado? ¿Estamos creando valor o solo presentando un portafolio?

En ventas consultivas, la calidad de las preguntas pesa más que la elegancia de la presentación. El vendedor que pregunta bien no improvisa: diagnostica. No presiona: acompaña. No ofrece de inmediato: comprende. Trata al cliente no como una oportunidad más en el embudo, sino como una realidad única, con tensiones, restricciones y prioridades propias.

Por eso, vender bien no es moverse más, sino avanzar mejor. Muchas veces la procrastinación comercial se disfraza de actividad: llamadas, correos, reuniones y propuestas. Pero se aplaza lo esencial: validar el presupuesto, confirmar quién decide, hacer la pregunta incómoda o reconocer que una oportunidad ya se enfrió.

Los equipos que crecen en mercados difíciles no esperan que el entorno mejore para ordenar la casa. Revisan su proceso, miran sus datos con honestidad y vuelven a lo básico: prospectar mejor, cualificar mejor, escuchar mejor, proponer mejor y cumplir mejor.
El proceso comercial no debe matar la humanidad de la venta. Debe protegerla. Debe liberar al vendedor de la improvisación inútil para que pueda concentrarse en lo verdaderamente importante: entender al cliente, construir confianza y crear valor. Esa es, en últimas, la diferencia entre operar en medio del caos y construir una verdadera maestría comercial.

En tiempos difíciles, vender bien es una prueba de madurez directiva. Sobrevive quien empuja productos. Crece quien entiende clientes. Sobrevive quien aumenta presión. Crece quien aumenta capacidad. Porque, al final, el cliente no compra porque tengamos una meta. Compra porque encuentra valor. Y detrás de cada oportunidad no hay una cifra en el embudo, sino alguien que espera ser comprendido antes de ser convencido.

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