¿Están los empresarios formando campeones?
viernes, 31 de julio de 2026
Ricardo Mejía Cano
El 19 de julio de 2026, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, un gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga le dio a La Roja el título ante Argentina, tras una jugada que nació en los pies de Pedro Porro y en la prolongación de cabeza de Nico Williams. El resultado deportivo ya es historia. Quienes dirigen empresas debían observar no el marcador, sino cómo se construyó ese equipo campeón.
Detrás de buena parte de los jugadores de la alineación española hay una historia similar: años de formación en canteras que apostaron por el talento joven. Una lección para cualquier organización que quiera ganar “mundiales”: el éxito no se alcanza a última hora, se logra con años de anticipación.
La Masía, del Barcelona, formó a Pau Cubarsí y Lamine Yamal, quienes llegaron siendo niños, crecieron dentro de una misma filosofía de juego y recibieron responsabilidades de primer nivel antes de los veinte años. Cubarsí fue distinguido como Mejor Jugador Joven del Mundial, un premio que antes habían ganado figuras como Pelé o Michael Owen. Lamine Yamal, por su parte, se convirtió en una de las principales fuentes de desequilibrio ofensivo del equipo. La Masía les hace “plan de carrera” a los jóvenes de su semillero, igual que lo hacen muchas empresas. La diferencia es que en La Masía son obsesivos con la formación de talento. La historia de cómo La Masía formó a Lionel Messi es fascinante.
Lezama, del Athletic Club, aportó a Unai Simón, Aymeric Laporte y Nico Williams. Simón se llevó el Guante de Oro al mejor portero del torneo; Laporte fue pilar de una defensa que solo recibió un gol en ocho partidos; Nico Williams, pese a llegar limitado físicamente, marcó el cabezazo definitivo para obtener el título. El Athletic tiene además una particularidad especial, que es ejemplo para cualquier gerente de talento: su política histórica ha sido nutrirse casi exclusivamente de jugadores formados en el País Vasco. Esa restricción, lejos de limitarlos, los obligó a construir un sistema de desarrollo tan sólido que hoy compite de igual a igual con clubes que pueden fichar a cualquiera en el mundo. Las instituciones se fortalecen cuando se concentran en formar su propio talento.
Zubieta, de la Real Sociedad, formó a Mikel Oyarzabal, capitán y quien jugó un papel especial como armador del equipo. Su carrera dentro del club no es casualidad: es el resultado de una relación de largo plazo entre jugador e institución, donde la lealtad se construyó en ambas direcciones. Las empresas que no logran retener a su mejor talento podrían aprender de la cultura con la que la Real Sociedad formó, proyectó y motivó a Oyarzabal.
España no ganó el Mundial solo con jugadores formados en casa. Combinó cantera con jugadores con experiencia en diferentes clubes y trayectoria internacional. No toda posición debería cubrirse necesariamente con talento interno, pero ninguna organización debería depender exclusivamente de salir a buscar talento afuera cada vez que surge una vacante, porque eso significa que nunca preparó sucesores.
Las compañías que reaccionan solo cuando aparece la necesidad -un puesto vacante, un proyecto urgente, una crisis de liderazgo- llegan tarde. Las que ganan de manera sostenida son las que, años antes de necesitarlo, ya identificaron a las personas con potencial, les asignaron mentores, les dieron desafíos progresivos, les permitieron equivocarse en entornos de bajo riesgo y las prepararon para asumir responsabilidades mayores cuando llegara el momento.
El talento puede contratarse en cualquier momento. Lo que no se puede comprar de un día para otro es la cultura, el compromiso y la capacidad de liderar una organización: eso se construye durante años, con paciencia, inversión y formación constante.
Esta segunda estrella que se ganó España fue en buena medida gracias a jugadores formados desde niños en las canteras de sus clubes. Las empresas que aspiren a resultados igual de extraordinarios deberían hacerse una pregunta como la que se hacen los directores deportivos de Lezama, La Masía o Zubieta: ¿Estamos formando dentro de nuestra organización los campeonatos del mañana?