Analistas

Mensaje para los abelardistas

Ricardo Mejía Cano

Escucho con atención las propuestas de Abelardo y las de su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y todas me convencen. Lo mismo ocurre con las de Paloma. Entonces, ¿por quién votar?

Colombia atraviesa una de las coyunturas más difíciles de su historia. El gobierno actual no ha cumplido sus promesas de campaña; el programa de Paz Total ha dado más espacio a los grupos armados que garantías a los ciudadanos, y la inversión en infraestructura ha sido notoriamente insuficiente. Al mismo tiempo, el alza del salario mínimo por encima de todo pronóstico, el manejo discrecional de la contratación y la tolerancia con el narcotráfico y la minería ilegal han inyectado liquidez en sectores de la población que nunca la habían conocido. Esos beneficiados votarán por el candidato del oficialismo, mientras que muchos de los perjudicados, trabajadores independientes y pequeños empresarios, seguirán alejados de las urnas.

Las últimas encuestas permiten una estimación aproximada del electorado: votantes de derecha, de centro y de izquierda; una tercera parte cada grupo. El grupo de izquierda y el de derecha ya tienen definido su voto; por tanto, el voto de centro definirá quién será el próximo presidente.

Algunos seguidores de Paloma se alejaron de su campaña después de que figuras de la Gran Consulta declararon que en segunda vuelta no apoyarían a Abelardo, lo que muchos interpretaron como una irresponsabilidad frente al país. Otros se fueron al ver la elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. Y no pocos han sido influenciados por noticias falsas que vinculan a Paloma con personajes cuestionados. La guerra sucia está en su punto máximo.

Lo peor que pueden hacer los colombianos preocupados por el rumbo que está tomando el país, y por lo que nos espera si gana el candidato de Petro, es votar de manera emocional. La narrativa de que Paloma se “ablandó” y de que solo Abelardo ofrece una respuesta firme a los grupos armados ha sido aprovechada muy bien por los abelardistas, que han ganado más votos de esa tercera parte de derecha. Pero hay dos factores que esos votantes ignoran. Primero, una victoria de Abelardo en segunda vuelta desencadenaría una polarización extrema y el regreso de la movilización violenta en las calles. Segundo, sin bancada propia en el Congreso, su capacidad de gobernar sería muy limitada.

Muchos “fans” de Abelardo dicen que será el Bukele colombiano. Esta comparación no es válida. Los grupos armados colombianos no son pandillas sin respaldo político: tienen raíces territoriales, financiación propia y apoyo en sectores de la población. Neutralizarlos exigirá mucho más que mano dura.

Admiro la pasión de los abelardistas, pero su convicción de que ganarán en primera vuelta no se sostiene en los números. Si en la segunda vuelta el escenario es Cepeda contra Abelardo, una parte importante del voto de centro optará por el voto en blanco; otra, sin duda, respaldará a Paloma, y otra parte, por increíble que nos parezca, votará por Cepeda. Eso no es una opinión: es la realidad que revelan las encuestas. Sin embargo, si en la segunda vuelta el escenario es Cepeda contra Paloma, esa tercera parte de votantes de centro seguramente votará por esta última.

Si el voto de centro es decisivo y nuestra meta es derrotar a Cepeda, lo estratégico es llevar a Paloma a la segunda vuelta. Ella puede atraer ese electorado que Abelardo, por su perfil y discurso, nunca logrará conquistar.

Votar por Paloma en la primera vuelta es el único camino para derrotar a Cepeda.

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Paloma Valencia - Abelardo de la Espriella - Elecciones presidenciales