Analistas 12/01/2024

No perdamos a Colombia

Ricardo Mejía Cano
Gerente de Saladejuntas Consultores

A mediados del siglo XIX, Pedro Orozco y su esposa Rafaela Gómez compraron a unos colonos varias fincas y fundaron a San Antonio de Támesis, nombre sugerido por Rafaela, quien en su juventud había viajado a Londres y recordaba con ilusión el maravilloso río. Pedro y Rafaela eran de Sonsón, cuyos pobladores lideraron la colonización del viejo Caldas y del suroeste antioqueño.

Támesis es una bella población, ubicada al oeste de una meseta, unos 1.000 metros por encima del Río Cauca, arrinconada contra el cerro de Cristo Rey, en la cordillera Oriental. Eran tierras de los indios Embera-Chami, quienes hace 500 años llenaron de caminos el suroeste de Antioquia y el viejo caldas, para unir a su población dispersa por los más asombrosos parajes. Embera quiere decir gente y Chami montaña: no hay nombre más apropiado para estos pobladores de esa amplia región montañosa.

Tan pronto se empieza a ascender por el camino de Támesis a Jardín, una de las muchas paradas obligatorias es a unos 2.000 metros de altura, para observar el Río Cauca contorneándose al sur de la Pintada, adornando todo el valle. Una vista espectacular.

Las caminadas de Beethoven por los bosques que rodeaban a Viena y el canto exótico de los pájaros le inspiraron para componer su sinfonía No. 6, Pastoral, una de las más bellas de su extensa creación musical.

Internarse por el camino de los Chamies entre Támesis y Jardín y disfrutar del canto de miles de pájaros no sólo recuerdan al caminante la sinfonía Pastoral. Las losas con que lo Chamies tapizaron el camino, con sus miles de historias y recuerdos, susurrando al caminante su lamento porque Colombia perdió el rumbo, también le recuerdan el coro de Va, Pensiero, de Nabuco, cuando los hebreos lamentan la destrucción de su sagrado templo y la nostalgia por su tierra. La experiencia se convierte en un paseo musical.

Pero hay otros mensajes de esperanza para el andante. A mitad de camino se encuentra la reserva natural el Globo. Esta era una finca ganadera, de algo menos de 400 hectáreas, abandonada por sus propietarios debido a la presencia de la guerrilla.

Gracias a la pacificación lograda por el Gobierno en la primera década de este siglo, la familia Serna, propietaria de la finca, pudo recuperar el control de su propiedad. Segunda y tercera generación acordaron que, en lugar de regresar a la actividad ganadera que fue la pasión del abuelo, el Globo se convertiría en una reserva natural y para tal fin harían todas las investigaciones e inversiones necesarias para recuperar el bosque nativo y la fauna que en el pasado había habitado la región.

Después de muchos años de estudio y trabajo hoy el Globo es un oasis de paz y tranquilidad, con frondosa vegetación nativa, poblada por pumas, osos de anteojos, zorros acuáticos, colibríes, coloridas soledades, lechuzas y toda clase de animales que se estaban extinguiendo.

En el Globo el caminante puede quedarse un par de días, recorrer los diferentes caminos con el acompañamiento de los guías de la reserva, todos expertos en la recuperación del hábitat, disfrutar del paisaje, los ríos y sus charcos y no menos importante, deleitarse con la excelente atención que dan al visitante.

Colombia está llena de maravillas naturales y no podemos permitir que la incapacidad del actual Gobierno para controlar los grupos al margen de la ley nos impida recorrer y disfrutar del exótico país que tenemos.

Así como la Reserva Natural el Globo le infunde a uno esperanza al ver a su equipo trabajando por el bien de la naturaleza y del país, la experiencia de recorrer el camino Chami de Támesis a Jardín, el contacto con sus gentes, sus bosques y selvas, le fortalece a uno la fe de que Colombia recuperará el sendero del crecimiento, la equidad y la concordia. ¡No perderemos a Colombia!

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