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Votar por la Gran Consulta: un tema de matemáticas

Ricardo Mejía Cano

¿Quiénes son los electores de Cepeda? En la segunda vuelta en el 2022 Petro sacó 11,3 millones de votos. Si bien es cierto que en las elecciones de alcaldes y gobernadores del 2023 le fue mal, Petro con su retórica, capacidad de engañar, su electorado disciplinado y su disposición a gastarse nuestros impuestos en buses, almuerzos, dinero y ayudado en algunas regiones por la presión de los grupos al margen de la ley, motivará o forzará una gran movilización de electores de izquierda. Adicionalmente el aumento del salario mínimo de 23% generará mayor motivación para que esos trabajadores y sus familias voten por la izquierda.

Visto de otra forma, según las últimas encuestas entre aproximadamente 30% de los colombianos apoya a la izquierda. Con un universo cercano a 40 millones en capacidad de votar, tienen asegurados 11–12 millones de votos. El problema para la oposición no es la existencia de ese bloque, sino los “incentivos” que tienen para votar.

Si solo votan 22 millones de colombianos, como ocurrió en las presidenciales pasadas, el bloque disciplinado y “motivado” de la izquierda puede representar más de la mitad de los votos efectivos. En ese escenario, la oposición difícilmente superará los 10 millones de votos. Así que, si no trabaja por ampliar su base electoral, las posibilidades de ganar son escasas. La aritmética es implacable.

Afortunadamente los mecanismos de participación temprana, como las consultas, son ideales para movilizar y activar al electorado. Permiten atraer ciudadanos que hoy no están participando activamente en política y que, de otra manera, se quedarían al margen del proceso electoral.

Una parte significativa de quienes acuden a una consulta no lo hacen con una lealtad previa, sino como votantes blandos o indecisos que se acercan por primera vez al proceso. Estos votos no existirían sin la consulta. La hipótesis según la cual el ganador de la consulta le quitaría votos principalmente a Abelardo y no a Cepeda carece de sustento.

La Gran Consulta no debilita a ningún candidato opositor. Por el contrario, amplía el mercado electoral de la oposición.

La oposición tiene un compromiso urgente: motivar a indecisos y abstencionistas a votar y así ensanchar su base electoral. La forma más efectiva de hacerlo en este momento es invitarles a participar en la consulta, que además coincide con las elecciones legislativas. Quien salga a votar el 8 de marzo es más probable que vote de nuevo en la primera y en la segunda vuelta presidencial.

Con cuatro semanas por delante, la oposición aún tiene espacio para convocar a millones de ciudadanos hoy ausentes del proceso electoral a votar por la Gran Consulta, por ahora la única inscrita en representación de la oposición, y a votar por las listas al Senado y a la Cámara de los partidos opositores. La consulta debe entenderse como un primer paso de activación, no como el punto final de la campaña.

Votar por la Gran Consulta fortalece a la oposición democrática porque ensancha su base y acerca a millones de ciudadanos al debate político.

El mayor riesgo de una eventual victoria de Cepeda en primera vuelta proviene de una baja participación de la oposición. Si la Gran Consulta logra movilizar a millones de ciudadanos adicionales, el efecto neto será aumentar el tamaño del electorado opositor, no redistribuir el ya existente.

Por el contrario, si los indecisos y abstencionistas no participan, y además se presentan prácticas irregulares como compra de votos o presiones territoriales de grupos armados, el bloque oficialista podría incrementar su votación efectiva, especialmente en segunda vuelta, haciendo prácticamente imposible una victoria de la oposición.

Algunos sostienen que el país debería ahorrarse los recursos asociados a la reposición de votos de la consulta. Sin embargo, el costo político de no movilizar al electorado es infinitamente mayor. Si la base opositora no crece, el escenario más probable es la derrota. En cambio, si de los millones de abstencionistas e indecisos se logra que una fracción relevante participe, la oposición, cualquiera que sea su candidato final, mejorará sustancialmente sus probabilidades de triunfo. El verdadero error el 8 de marzo es quedarse en casa y no votar.

Votar por la Gran Consulta no es un favor a un candidato. Es una apuesta por fortalecer la democracia, ampliar la participación y mejorar las opciones de la oposición.

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