Analistas 01/10/2026

Evocando la democracia liberal

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda
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Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, antes de que su país fuera beligerante, el presidente Franklin Roosevelt decidió que Estados Unidos se convertiría en el ‘arsenal de la democracia’ para suministrarle armamento al Reino Unido, a pesar del sentimiento aislacionista que prevalecía en esa época.

Después del ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941 y la entrada del país en la guerra, el presidente Roosevelt movilizó los recursos militares, humanos y financieros para el esfuerzo bélico. Al mismo tiempo, Estados Unidos asumió un papel de liderazgo en el diseño de la arquitectura institucional que conformaría el orden mundial de la posguerra: la Organización de las Naciones Unidas y las entidades multilaterales relacionadas con las finanzas, el desarrollo económico y el comercio internacional.

En la inmediata posguerra, el presidente Harry Truman y el secretario de Estado George Marshall apoyaron la reconstrucción de Europa y su seguridad por medio del Plan Marshall y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan). La Doctrina Truman estableció que Estados Unidos suministraría ayuda política, militar y económica a las naciones democráticas amenazadas por fuerzas comunistas o autoritarias. En el hemisferio occidental se suscribió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) y se promovió la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En enero de 1961, en plena Guerra Fría, el presidente John F. Kennedy definió los rasgos de protagonismo global y defensa de los derechos humanos de su gobierno en los siguientes términos:

“Tengan presentes todas las naciones, tanto aquellas que nos desean el bien como las que nos desean el mal, que asumiremos cualquier costo, cargaremos cualquier peso, enfrentaremos cualquier adversidad, apoyaremos a cualquier nación amiga y nos opondremos a cualquier adversario para asegurar la supervivencia y el triunfo de la libertad”.

Durante su gobierno se crearon la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid), la Alianza para el Progreso y los Cuerpos de Paz.

En la segunda mitad del siglo XX se consolidó la imagen de Estados Unidos como una superpotencia comprometida con la defensa de la democracia liberal, tanto en su organización interna como en los objetivos de su política internacional.

Al finalizar el siglo, luego del colapso del comunismo y la disolución de la Unión Soviética, se llegó a pensar que la democracia liberal había tenido un triunfo definitivo. Como forma de gobierno deseable, parecía haber dejado de tener rivales significativos. Esa creencia resultó ser prematura e infundada, a la luz de los cambios que han tenido lugar en el entorno internacional, así como de la evolución política que ha ocurrido en Estados Unidos.

A partir de 2016, ha tenido lugar una discontinuidad. Donald Trump no cree en el derecho internacional y prefiere el autoritarismo.

Según el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo, en 2025 solo 7% de la población mundial vivía en democracias liberales; 20 años antes, esa proporción había sido de 17%.

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