Analistas 22/07/2021

Las guerras culturales

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

El enfrentamiento partidista en Estados Unidos está conduciendo a la formulación de versiones incompatibles de la identidad nacional. La confrontación se manifiesta en temas relacionados con la historia, la economía, la salud pública, los derechos de la mujer, el racismo, el deporte, la cultura y la religión. Esta polarización dificulta la búsqueda de consensos para la formulación de políticas públicas y tiende a permear el lenguaje, las relaciones familiares y la vida cotidiana.

La excesiva politización se refleja en los canales tradicionales de comunicación y en los medios sociales. Quienes obtienen la información en The New York Times, por ejemplo, adquieren una imagen de la actualidad distinta de quienes acuden a Fox News. Si bien algunas de estas fisuras provienen de tiempo atrás, Donald Trump las utilizó hábilmente en beneficio propio. Parte de su legado destructivo fue haber desacreditado las fuentes autorizadas de información confiable calificándolas como ‘fake news’, y haber establecido un sistema personal de comunicación masiva por medio de Twitter y otras plataformas similares.

Eso condujo al fenómeno denominado ‘hechos alternativos’ que conlleva a equiparar la opinión de Trump con las conclusiones de los científicos acerca del cambio climático o la epidemiología. Dependiendo de la respectiva afiliación partidista, un sector de la población rechaza las vacunas contra el covid-19 y se niega a reconocer la existencia del calentamiento global.

La politización está afectando el contenido de los textos escolares de ciencias y de historia. En algunos estados hay oposición a que se enseñe la teoría de la evolución, porque disiente de la versión bíblica acerca de la creación del mundo. También resulta inaceptable hacer alguna referencia al racismo sistémico o al hecho de que la perpetuación de la esclavitud como elemento central de la economía y el orden social de los Estados Confederados fue una de las causas determinantes de la guerra civil del Siglo XIX.

La negativa de Trump a reconocer su derrota en las elecciones presidenciales de noviembre ha envenenado el ambiente político. La mayoría de los congresistas del partido Republicano ha acogido su narrativa de que Joe Biden sería un presidente ilegítimo por haberse robado las elecciones. Podría considerarse que estas divergencias son consecuencia inevitable de una competencia partidista vigorosa. Pero la connotación de lo que está sucediendo tiene un carácter novedoso, sin precedentes recientes. Eso explica las iniciativas legislativas recientes en estados donde el partido Republicano tiene mayorías, cuyo propósito no es otro que el de impedir el voto de los afroamericanos.

Como afirma la profesora de Boston College Heather Cox Richardson, “(…) nunca en la historia de Estados Unidos había ocurrido que uno de los principales partidos literalmente rechazara las reglas del juego. Creo que lo que descubrimos en los años de Trump es que la trayectoria oligárquica trazada por el partido Republicano antes de que él hiciera su aparición llevaba implícita el autoritarismo. Una de las diferencias es que, por primera vez, tenemos un número significativo de dirigentes políticos que no creen en el sistema democrático”.

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