Al repasar los debates, durante varias décadas, a favor de la inserción en la economía internacional y en contra del aislamiento, se encuentra una notable persistencia de la argumentación proteccionista. Cada paso que se ha dado para reducir aranceles y abrir la economía ha estado acompañado de predicciones sobre los grandes males que la liberalización comercial traería, ya sea en la forma de la ruina de la agricultura o de la destrucción del aparato industrial. Haciendo caso omiso de esos pronósticos, las autoridades redujeron aranceles y suscribieron acuerdos de libre comercio.
Pasa el tiempo y las calamidades se niegan a aparecer, lo cual no es obstáculo para que los defensores del proteccionismo insistan en su argumentación. Durante la negociación del TLC con Estados Unidos, los voceros del gremio avícola sembraron la alarma de que esa iniciativa daría lugar a una invasión de cuartos traseros de pollo que debilitaría a la avicultura. El TLC con Estados Unidos entró en vigencia y la temida invasión de cuartos traseros no ocurrió. La avicultura ha prosperado, es una fuente importante de proteína para el mercado doméstico y está exportando.
El sector agropecuario ha crecido y se ha diversificado. En la actualidad es un factor de dinamismo económico y bienestar rural. En 2025, las exportaciones de productos agropecuarios tuvieron un crecimiento de 33% y alcanzaron un valor de US$15.307 millones.
En la industria tampoco se ha cumplido lo que Alberto Lleras denominaba la “profecía trágica” a raíz de la liberalización comercial. El sector industrial actual no solo supera con creces el que existía en 1990, cuando se aceleró la apertura comercial, sino que se ha diversificado. Las empresas del sector moderno han demostrado capacidad para competir internacionalmente. Algunas se han convertido en multilatinas, con unidades productivas en otros países. Las exportaciones de manufacturas, hasta noviembre de 2025, alcanzaron un valor de US$10.051 millones. Tanto las exportaciones industriales como las agropecuarias se han beneficiado del acceso preferencial a mercados grandes que se obtiene con los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y otras naciones desarrolladas.
Al tiempo que las calamidades pronosticadas a causa de las importaciones no suceden, la expansión del comercio exterior resulta ser compatible con el crecimiento económico, el fortalecimiento del sector productivo y el bienestar de los consumidores.
El enfrentamiento es entre dos modelos de desarrollo diferentes: el de la sustitución de importaciones, que privilegia el proteccionismo, y el de la promoción de exportaciones, que le asigna prioridad a la inserción en la economía internacional. El primer modelo produce estancamiento y atraso tecnológico.
El segundo, crecimiento económico vigoroso y modernización tecnológica. Ese es el modelo que han adoptado con éxito los países del Este Asiático.
La persistencia de las iniciativas proteccionistas en América Latina, a pesar de la evidencia, ilustra la afirmación del escritor brasileño Nelson Rodrigues de que el subdesarrollo no se improvisa.