Un gobierno que se proponía enmendar las deficiencias de los gobiernos de las élites y partir la historia del país en un antes y un después, concluye con retórica grandilocuente y autoelogios. Ha llegado el momento de pensar en la herencia que recibirá el nuevo gobierno y de colocar el legado que deja en un contexto adecuado.
La evaluación de la herencia del gobierno saliente será parte de los resultados del empalme y de los documentos detallados acerca de la magnitud de los problemas pendientes. La ubicación del legado en un contexto histórico será la tarea que le corresponde a los politólogos y a los analistas.
Las siguientes reflexiones hacen referencia al estilo del gobierno, al sectarismo, al déficit de patriotismo, al manejo económico y a la política exterior.
Dos características sobresalientes del gobierno que termina son la corrupción y el caos. Podría afirmarse que esas son las facetas que identifican al régimen. Con respecto a la primera, lo notable es su magnitud y su prevalencia. Como se decía en México, en los tiempos autoritarios del Partido Revolucionario Institucional, no es que existiera corrupción en el sistema. Es que la corrupción es el sistema. En el gobierno de Petro, lejos de ser un fenómeno aislado, una aberración escandalosa, la corrupción se convirtió en el modus operandi, la manera de premiar a aliados políticos y a familiares de los dirigentes. Ese ejemplo desde la cúpula gubernamental terminó por permear al resto de la administración pública y al manejo de las empresas estatales. En casos como el de un desprestigiado exalcalde de Medellín, estar acusado de corrupto, lejos de ser un impedimento, resultó ser un requisito para ser nombrado en un alto cargo gubernamental.
El caos, como método gerencial, se refleja en el desgreño administrativo, en la incapacidad para formar equipo, en la destrucción de lo que funciona, la mezcla de chambonearía e incompetencia, el desmantelamiento de los cuadros técnicos del Estado, la indisciplina presidencial, la impuntualidad y el desorden de su vida personal. Este último factor contribuyó a reducir los daños.
El sectarismo, el clima de confrontación y la retórica de la lucha de clases impidieron que Petro pudiera convocar a la unidad nacional. Prefirió dividir a los colombianos por clase social, nivel de ingreso y factores étnicos. La necesidad de tener un adversario lo enfrentó a los empresarios, los magistrados de las altas cortes y los congresistas. También tuvo dificultad para expresar patriotismo o respeto por las fuerzas armadas, por su intento de legitimar al M19 y su pasado violento.
Desconfió de la economía de mercado. La política exterior fue errática y promotora de conflictos con naciones amigas.
Un aspecto positivo del legado del gobierno saliente es que demostró la conveniencia del ordenamiento institucional que permite restringir la arbitrariedad presidencial. También demostró la importancia de defender la independencia del Banco de la República.