En cuestión de semanas, Venezuela ha experimentado unos cambios que no es sencillo describir, pero que es necesario tratar de entender. A raíz del ataque militar del 3 de enero y de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses -un hecho sin precedentes en Suramérica- se mantiene la continuidad del régimen bolivariano, dirigido por la persona que desempeñaba los cargos de vicepresidenta, ministra de Petróleos y ministra de Hacienda, Delcy Rodríguez.
Las primeras decisiones sugieren que habrá cierta flexibilización de la legislación petrolera para hacerla más atractiva a la inversión extranjera. Han recuperado la libertad algunos presos políticos, en el entendido de que la represión sigue, aunque ligeramente suavizada. Por ahora, no se habla de transición a la democracia ni de convocar a elecciones libres. Las principales figuras de la oposición siguen en el exilio.
No parece que se estén derramando lágrimas por la caída de Maduro. La oposición la celebra como un paso hacia la recuperación de la libertad. La cúpula del régimen parece haberse resignado a la nueva realidad con relativa naturalidad. La presidenta interina, lo mismo que la principal dirigente de la oposición, se proponen tener relaciones cordiales con el presidente Donald Trump.
Tanto desde la perspectiva del régimen bolivariano como la de la oposición, Venezuela ha quedado en una condición de capitis diminutio. La nueva relación política con el gobierno de Estados Unidos es la de subordinación. Se mantienen las formas gubernamentales, legislativas y de seguridad, pero las decisiones que cuentan las toman funcionarios de una potencia extranjera. Algo similar ocurrió bajo el Imperio Británico respecto a Egipto y a otros territorios estratégicos bajo su dominio, sin ser estrictamente colonias. Las autoridades locales se ocupaban de los asuntos internos, pero la política exterior era la que sugería el comisionado británico.
Trump anunció, en un momento de euforia, que estaría manejando a Venezuela. Por ahora, le ha delegado esa tarea al secretario de Estado, Marco Rubio. Es razonable suponer que las decisiones de suspender el apoyo financiero al gobierno cubano y de abrir la exploración de petróleo a las multinacionales de Estados Unidos no se originaron en Caracas.
Durante el régimen de Hugo Chávez se hizo una transferencia voluntaria de soberanía al gobierno de Cuba, al delegarle aspectos centrales de seguridad tales como el sistema de identificación nacional y el manejo de los aeropuertos. Esto se documenta en forma detallada en el libro La Invasión Consentida, atribuido al seudónimo Diego Maldonado. La transferencia de soberanía actual ha sido menos voluntaria y se ha hecho a un gobierno con el cual no hay similitudes ideológicas.
En lo que respecta a la actividad económica, las perspectivas dependen de la velocidad a la cual se recupere la producción de petróleo y de su precio internacional. De inmediato, hay una coexistencia desordenada entre socialismo y capitalismo. El ritmo de inflación supera 500% anual.