Analistas 05/08/2021

Viraje controversial peruano

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

Las primeras señales de Pedro Castillo al asumir la presidencia dejan motivos de incertidumbre política y confusión respecto al manejo de la economía. La simpatía con los regímenes de Cuba y Venezuela del fundador del partido de gobierno, Vladimir Cerrón; y del jefe de gabinete, Guido Bellido, sugieren un giro radical en la orientación de las relaciones internacionales de Perú que tendría consecuencias geopolíticas significativas.

Castillo, un maestro de escuela sin experiencia gubernamental previa, llega a la presidencia en circunstancias inusuales. Su mentor y jefe político, Cerrón, un médico marxista leninista, no podía ser el candidato del partido por impedimentos judiciales. Sin embargo, él es quien ha demostrado tener poder para decidir. Castillo inicia su mandato en una situación similar a la de Alberto Fernández en Argentina. Como jefe de Estado, hace pronunciamientos retóricos y cumple con funciones ceremoniales. Pero quien determina el manejo efectivo del gobierno es Cristina Kirchner.

Para introducir cambios radicales en la orientación gubernamental, un presidente necesita poder propio y amplio respaldo en el Congreso. Castillo carece de poder propio y enfrenta mayorías parlamentarias de oposición. El nuevo gobierno que se inicia en Perú está condicionado por la fragmentación partidista y la debilidad institucional. Esto se refleja en el hecho que el país ha tenido cinco presidentes en cinco años. A la inestabilidad administrativa resultante se agrega un manejo inepto de la crisis sanitaria creada por la pandemia.

El debilitamiento de la actividad económica se ha traducido en desempleo y malestar social. Además del retroceso coyuntural, subsisten problemas de otra naturaleza, tales como el contraste entre la sierra y la costa, la estratificación étnica, y las disparidades regionales, acentuadas por la primacía de Lima sobre el resto del país.

El último medio siglo ha estado marcado por la volatilidad y por altibajos en el devenir de la nación. Después del derrocamiento del presidente Fernando Belaunde en 1968, Perú tuvo dos gobiernos militares: uno de izquierda estatizante y otro moderado. Durante el primer gobierno de Alan García vivió un proceso de hiperinflación. Tuvo una experiencia autoritaria con Alberto Fujimori. Fue necesario enfrentar la acción violenta del grupo terrorista Sendero Luminoso.

No obstante, las reformas económicas de los 90 y la relativa estabilidad política a partir de 2001 le han permitido al país lograr una inserción exitosa en la economía internacional, suscribir acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y otras naciones y conformar la Alianza del Pacífico con Chile, Colombia y México. Perú cuenta con un sector agroexportador vigoroso y una minería de cobre y oro de envergadura. En los últimos años ha logrado consolidar un manejo macroeconómico sobresaliente, que se manifiesta en estabilidad cambiaria y una inflación baja.

El partido Perú Libre propone implementar un cambio revolucionario, habiendo ganado por un margen de 44.000 votos. La incertidumbre acerca de la política económica ha alarmado a los inversionistas y a la clase media. En ausencia de una rectificación, el Perú puede esperar turbulencia social e inestabilidad política.

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