Continuarán… Acuerdos: el efecto vinculante de un protocolo de familia
jueves, 17 de septiembre de 2026
Rodrigo Lozano Vila
Los contratos, los protocolos de familia y los acuerdos de accionistas -o cualquier documento donde consten acuerdos por escrito- son instrumentos donde se plasma la voluntad de las personas que los construyeron.
Son, cuando su proceso se lleva a cabo con rigor y método, el resultado de un recorrido durante el cual hubo discusión, pedagogía para los menos entendidos, explicaciones y altas dosis de paciencia, pero sobre todo un ejercicio de cohesión y la construcción de un importante instrumento de salvaguarda para el futuro.
Lo he afirmado muchas veces, y no soy el único: el mejor protocolo es el que se puede guardar en un cajón y solo se usa en un caso extremo. Un acuerdo formal tipo protocolo de familia demuestra su efectividad cuando se construye a partir de un proceso incluyente, donde los que más saben les explican a los que saben menos, donde todos se dejan guiar y donde la familia permite que la miren desde afuera.
Un “acuerdo” que no se imponga desde el patriarca preocupado por dejar todo arreglado, ni desde la dirección del grupo de liderazgo o de quien concentra el control. Acuerdos guiados por un horizonte generoso de muchos años, con propósito de continuidad y trascendencia.
Lo mismo aplica para los acuerdos de accionistas, y aquí quiero poner el acento en algo muy puntual que lamentablemente he observado a lo largo de mi ejercicio profesional y en el acompañamiento a familias empresarias.
Muchos sabemos que los protocolos, además de decálogos de buenas intenciones y conductas deseadas para las familias, son muchas veces la consecuencia de tortuosos procesos de negociación, el cierre de ciclos conflictivos o el resultado desafortunado de pensar que el protocolo sería el fin y no el medio. Esto, sin mencionar los formatos amañados, los protocolos tipo minuta o los procesos sin método ni rigor a los que se someten muchos grupos por querer ahorrar tiempo y recursos.
Me explico: con un protocolo no se arreglan las cosas. Muy seguramente el proceso ordenado que lleve a construir un buen protocolo ayude a mejorar situaciones y a fortalecer el diálogo y la comunicación, pero es tan solo una herramienta, un medio para lograr soluciones a partir del diálogo y la construcción conjunta.
Súmele a esto que el protocolo, por ley, tiene efectos vinculantes limitados, y que cuando se trata de familias empresarias con estructuras de propiedad complejas ese efecto vinculante se logra únicamente trasladando los acuerdos y compromisos a documentos que sí tengan fuerza vinculante, como los acuerdos formales de accionistas: firmados, registrados y depositados en las oficinas donde funcione la administración de la sociedad.
Si leyó hasta acá, es porque le interesó, y el espacio se me acabó. En quince días, o antes, le daré continuidad a esta reflexión.
Continuarán…