Continuarán… Comunicación: Conversaciones que construyen
viernes, 17 de julio de 2026
Rodrigo Lozano Vila
Una mala comunicación genera malentendidos que poco a poco escalan en desacuerdos, conflictos y rompimientos. La buena comunicación debe ser vista como una herramienta necesaria que permite consolidar las bases o pilares de la continuidad.
En mi experiencia desde la consultoría a familias empresarias, he identificado un patrón común que, a mi juicio, impide potencializar las habilidades básicas de comunicación. ¿Cuál es ese patrón? La respuesta, cruda y dura, como puede sonar, es la siguiente: no nos comunicamos bien.
Es evidente, pero cuando crecemos juntos, vivimos juntos y, fuera de eso, trabajamos juntos, partimos de la base de que el vínculo familiar y la cercanía han generado en nosotros ciertas fórmulas y ritos de comunicación que no es necesario revisar, corregir o renegociar. El deseo de complacer, no entrar en discusiones o generar enfrentamientos nos sugiere «dejar pasar», ceder o tolerar conductas y formas de comunicación que, bajo la óptica de un tercero observador, son evidentemente nocivas, pero que entre nosotros ya hacen parte del código de comunicación normal y aceptado.
Sin que nos lo propongamos o nos demos cuenta, ciertas formas de comunicación, como el sarcasmo, la ironía o los mensajes indirectos, no son más que pequeños dardos que van hiriendo nuestras fibras superficiales hasta llegar a lo más profundo de nuestros sentimientos, causando un daño enorme e incluso convirtiéndose en una bomba de tiempo difícil de desarmar.
Sumado a lo anterior, se observa una situación recurrente en las dinámicas sociales de la familia, donde buscamos pasar un rato agradable. Los cuentos, las anécdotas y el humor dominan esos espacios e incluso el bullying o matoneo aún se usan como una práctica que se considera divertida.
¿Cómo revertir esta situación? En mi opinión, todo lo que gira en torno a una comunicación eficiente, respetuosa, asertiva y constructora de tejido familiar debe reclamar una importancia prioritaria en la agenda de las dinámicas familiares, a través de un primer paso fundamental que consiste en tomar conciencia de la importancia del tema y de las deficiencias de comunicación que se puedan evidenciar en el grupo familiar.
Un consejo: desde una observación seria y objetiva, en el marco de una dinámica familiar y otra de trabajo, sugiero identificar conductas que puedan ser calificadas como «susceptibles de mejora». Ejemplos de este tipo de conductas pueden ser las actitudes pasivo-agresivas, el lenguaje corporal, los silencios innecesarios y la agresividad (en cualquiera de sus formas).
Simultáneamente, se sugiere identificar conductas dignas de exaltar e imitar, como la comunicación asertiva, la empatía y aquella forma de comunicación de un miembro de la familia que, desde su educación, calidez y respeto, inspira una forma de comunicación deseada o digna de imitar.
Con estas conductas como marco de referencia se puede desarrollar un primer taller de diálogo y observación que tenga como objetivo posterior construir un protocolo básico de comunicación con conductas deseadas y aquellas no toleradas.
Un primer pequeño paso que nos puede seguir marcando la senda de la continuidad.